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Dos gritos remecen México: “Con vida los queremos” y “Fuera Peña Nieto”

B31GEEzCEAATjDoLas marchas y movilizaciones por los 43 de Ayotzinapa continúan, mientras el poder de Enrique Peña Nieto tambalea

 

Ni con el fallecimiento de “Chespirito” el 28 de noviembre, ni todos los llamados a la calma y de mesura hechos por personeros de gobierno y constantes cadenas nacionales de Peña Nieto, han logrado que el pueblo mexicano en su conjunto deje de protestar en un movimiento que cada vez se vuelve más amplio y frontal. Y es que frente a dichos intentos, la violencia estructural del narco-estado mexicano se hace cada vez más visible al pasar de los días. Tanto la violencia ascendente de la represión en las marchas, las detenciones violentas e ilegales, como el hallazgo y constatación de más desaparecidos ha hecho que los y las Mexicanos/as estén cada vez más decididos en tomar todos los medios que sean necesarios para poner fin a la vida de violencia que están experimentando.

Esta sensación de abandono, de violencia desde el Estado y el narco se ha ido canalizando en el repudio cada vez más generalizado a Enrique Peña Nieto, presidente de México, quien ha sido incapaz de dar respuestas satisfactorias en cuanto al paradero de los 43 de Ayotzinapa, y que no ha hecho absolutamente nada para disminuir la violencia y opresión que vive a diario el pueblo Mexicano.

Por ello, y a dos años de que Peña Nieto asuma la presidencia en México, se realizaron en este 1° de diciembre masivas marchas a lo largo del país y el mundo bajo dos grandes consignas: “Con vida los queremos” y “Fuera Peña Nieto”. Estas dos consignas son la expresión de un México que quiere verdaderas transformaciones y que ve en el primer mandatario la personificación de un sistema que está completamente descompuesto, y si bien, la demanda puntual es la renuncia de Peña Nieto, el fondo de una voluntad de transformaciones profundas que den fin a este Estado abusivo y vinculado con el narcotráfico.

La demanda por los 43 de Ayotzinapa, de encontrarlos con vida, ha ido tomando más eco y más vigencia en la medida que se toma día a día mayor constancia de que se trata de una situación estructural. Con la revelación de otros 31 desaparecidos en Cocula, Guerrero desde el 17 de julio de este año, queda aun más claro que se trata de un fenómeno de violencia estructural, en donde las garantías individuales no están garantizadas por el Estado, y por el contrario, este persigue, omite y se niega a dar una investigación adecuada en estos casos.

Es por todo esto que nuevamente cientos de miles salieron a las calles por todo México buscando justicia por los 43 de Ayotzinapa, y un mejor porvenir. Probablemente la crítica estructural ante un sistema descompuesto y que debe ser reemplazado, puede ser condensada en un grito, que se escuchó en diversas parte de México durante la jornada: “ni PRI, ni PAN, ni PRD, el Pueblo Unido contra el Poder”.

La represión sigue en aumento

(Fotografía: Desinformémosnos)

(Fotografía: Desinformémosnos)

 

Queda cada vez más claro que la marcha del 20 de noviembre marcó un punto de inflexión en la forma en que el gobierno y el Estado van a afrontar las manifestaciones. La represión, la detención y encarcelamiento preventivo de 11 manifestantes mostró que desde la pasividad inicial de las policías (que buscaba no generar una nueva causa de protesta) se ha avanzado a una violencia estatal cada vez más ascendente.

En este sentido, otro de los hechos determinantes, fue la detención ilegal (en otras palabras, secuestro) de agentes policiales de la PGR vestidos de civiles a Sandino Bucio, este 28 de noviembre, quien, además de ser detenido ilegalmente, fue brutalmente golpeado y recibió serias amenazas por parte de sus interrogadores.

Violencia represiva que buscan justificar mediante la criminalización ascendente de la protesta social, en donde casi de modo panorámico, los medios de comunicación demonizan la violencia y condenan la figura del “encapuchado”.

Así, es que bajo la figura del control de la violencia popular, desplegaron durante la jornada del 1° de diciembre miles de Granaderos (policía antimotines, equivalente en Chile a las Fuerzas Especiales de Carabineros) en Ciudad de México, y donde un grupo de estos rodeó por completo a un grupo de manifestantes, provocándolos y generando temor en ellos. Todo esto sin mencionar que la violencia represiva no solo ha ido en aumento en el DF, sino en todo México. Esto se sumó a detenciones y agresiones de parte de las fuerzas policiales a maifestantes.

Todo esto no es de extrañar frente a un gobierno que crecientemente va perdiendo el control y la legitimidad, y que por lo mismo está tomando medidas cada vez más desesperadas para mantener su poder.