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El asesinato de un Weichafe: La lucha de Matías Catrileo por la recuperación y reconstrucción de la Nación Mapuche

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e dieron cabros”, fueron las palabras de Matías, quien logró caminar unos pasos e intentar saltar un canal mientras corría para luego desvanecerse. Matías había recibido un disparo en su espalda. Sus compañeros lo levantaron y siguieron con su cuerpo mientras carabineros seguía disparando y se organizaba una verdadera cacería a sus espaldas. Los comuneros cargaron largo rato el cuerpo de Matías para evitar que se manipulara posteriormente la forma de su muerte y se alteraran los peritajes posteriores.

Luego de ello se contactaron con medios de comunicación y un representante de la Iglesia Católica, el Obispo de Villarrica Sixto Parzinger, quien ofició como ministro de fe para evitar que el cuerpo de Matías fuera manipulado.

Era el 3 de enero del 2008 y la noticia de la muerte del joven mapuche remeció en todas las comunidades mapuche en proceso de reivindicación territorial. En la noche se generaron protestas y ataques a empresas forestales en diversos puntos de la Araucanía y la Provincia de Arauco, también protestas en Santiago, las que fueron duramente reprimidas.

La versión oficial del gobierno de Michelle Bachelet -su primer mandato- en voz de su sub-secretario del interior, Felipe Harboe (PPD) era que “se había tratado de un enfrentamiento con fuego cruzado en el cual carabineros debió hacer uso de su armamento“. Sin embargo esta tesis fue descartada en la posterior investigación y en el proceso judicial logró acreditarse que el cabo segundo del GOPE de carabineros, Walter Ramírez, hizo uso de “violencia innecesaria” y actuó (disparando su sub ametralladora UZI) sin motivo racional y fuerza desmedida”.

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Matias Catrileo. Marcha por los Presos Mapuche

Matías Catrileo Quezada tenía 23 años, cursaba tercer año de la carrera de Agronomía en la Universidad de la Frontera (UFRO) en la ciudad de Temuco y era militante de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM). Es en ese contexto, y con esa convicción, que Matías participaba en el proceso de recuperación territorial y en la denominada “resistencia mapuche” como parte del proceso político de una generación mapuche, autónomo, en la reconstrucción de la Nación Mapuche. Así, Catrileo se sentía y actuaba como un Weichafe. Varios de sus compañeros y compañeras de estudio lo destacan como un activista de la causa mapuche, participando en mitin y marchas por la libertad de los presos políticos y en contra de la militarización del Wallmapu.

La militancia en la CAM

Héctor Llaitul, líder e ideólogo de la CAM y actual vocero de la organización, conoció a Matías y habla de su militancia y su lucha, misma que se ha pretendido tergiversar, según señala Llaitul, por oportunismo o desconocimiento, porque su asesinato ha sido parte de la respuesta de un Estado que está en contra de la reivindicación histórica mapuche y porque esta reivindicación se plantea anti capitalista y eso atenta contra los intereses económicos presentes en el conflicto, afirma Llaitul.

Matías era un Weichafe, lo que tiene un significado muy grande para nosotros, ya que él reivindicaba nuestra lucha territorial y política para nuestro pueblo”.

A esto Llaitul agrega que “la figura de Matías Catrileo representa la resistencia de todo un pueblo y donde el proceso de recuperación y control territorial nos permite reconstruirse como pueblo, que no se tergiverse ni manipule aquello”, sentencia Llaitul.

Revisa: Héctor Llaitul, vocero de la CAM, habla sobre Matías Catrileo: “Que no manipulen su figura, él era un weichafe”

Y fue en medio de una acción coordinada de la CAM, con comuneros de la comunidad Juan Catrilaf II, que Matías y un grupo de comuneros mapuche ingresaron al entonces “Fundo Santa Margarita” predio del latifundista Jorge Luchsinger, el cual era constantemente resguardado por carabineros. El Fundo en disputa, era reclamado como parte de la usurpación que hicieron los latifundista de tierras ancestrales mapuche. Y es que el latifundista Jorge Luchsinger es reconocido por su animadversión al pueblo mapuche, y ha destacado por frases racistas, por ejemplo, que “no es posible que entreguen tierras a mapuches, va a ser una miseria absoluta, porque ellos no trabajan… no van a dejar de ser miserables… el indio no ha trabajado nunca. El mapuche es un depredador, no tiene capacidad intelectual, no tiene voluntad, no tiene medios económicos, no tiene insumos, no tiene nada… el mapuche es ladino, es torcido, desleal y abusador”, han sido algunas de sus afirmaciones.

Ese día en el ex Fundo Santa Margarita –hoy Yeupeko-Katrileo– fue asesinado el militante de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), Matías Catrileo, con un disparo de UZI por la espalda, no un balín de goma como se dijo inicialmente. “Pégale un balazo” se escucha en la grabación registrada por la Central Nacional de Comunicaciones institucionales de Carabineros de Chile (CENCO), momentos después el cabo de carabineros Walter Ramírez da cuenta de que los comuneros solo estaban con piedras y palos y que estos habían prendido fuego a unos fardos, lo que quedó registrado en la misma grabación.

Un testigo presencial de los hechos relata: “Nosotros en un principio pensamos que había sido un disparo de escopeta –relata un comunero de Yeupeko– un peñi lo abrazó y lo llevó hasta el canal, allí intentó saltar y cayó al canal. Uno de nosotros bajó y ahí se dio cuenta de que era un balazo y ya a Matías no le estaba quedando aliento (en eso Carabineros seguía disparando), mientras el resto buscaba unos pedazos de alambre y unas varas de álamo para poder sacarlo rápido.
Le pusimos una chaleca por debajo del brazo para sacarlo, le amarramos el alambre e intentamos sacarlo… Hicimos una camilla con las dos varas de álamo y lo subimos y comenzamos a correr, pero carabineros nos seguía disparando, las balas nos rozaban las cabezas pero seguíamos corriendo y agachados y con Matías muerto”.

Tras el fallo judicial, que declaró culpable al cabo segundo de carabineros Walter Ramírez, la justicia ordenó pagar una indemnización a la madre y hermana de Matías, lo que fue apelado por el gobierno de Chile. Sin embargo, en diciembre del 2015, la Tercera sala de la Corte Suprema, en fallo unánime, ratificó el pago de 80 millones de pesos para Mónica Quezada, madre de Matías Catrileo, y 50 millones de pesos para la hermana, Catalina Catrileo, por la responsabilidad del Estado en el asesinato del comunero por parte del Cabo Walter Ramirez en 2011.

Sin embargo, tras el fallo favorable, la madre y hermana de Matías decidieron en consecuencia no aceptar el dinero y donarlo a una ONG u organización que ayude a la causa del pueblo mapuche. De este modo, Mónica Quezada, madre de Matías, señaló:

Nosotras dijimos que rechazábamos de plano la indemnización y lo ratificamos, en consecuencia, la vamos a donar íntegra a una ONG en la cual nosotras no vamos a tener participación alguna. Para nosotras, esa no es reparación, tendría mucho más sentido que no se volvieran a repetir hechos de esa naturaleza, que no hubieran muertos, que no criminalicen la protesta social ni las legítimas demandas del pueblo mapuche y no siguieran militarizando la zona, en el fondo cosas que tienen que ver más con una política de Estado.

Lo único que a nosotros nos importa es que se ha establecido la responsabilidad del Estado chileno en el asesinato de Matías además, se reconoce que el hecho de que estaba recuperando territorio no lo exponía particularmente, que hubo claramente violencia innecesaria, por tanto -el Estado es responsable político- esa es la parte fundamental“, afirmó Mónica Quezada.

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Así hablaba y explicaba de su militancia y su lucha, del proceso de recuperación territorial y la reconstrucción de la Nación Mapuche, “para poder ser gente, poder ser mapuche como lo fueron nuestros abuelos“, un proceso desde la autonomía, porque un mapuche necesita de la tierra, decía Matías Catrileo.

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