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El Historiador Gabriel Salazar: “Ricardo Lagos es un Zombi y creo que va a haber una gran abstención y tienen miedo”

Por Francisco Marín

E

l historiador Gabriel Salazar sigue dando que hablar y haciéndose escuchar. No es para menos: vivimos un tiempo de gran incertidumbre, la legitimidad de las instituciones tradicionales hace agua por todos lados y ya no sólo de la clase gobernante, sino del orden construido alrededor de ella.
Y es que el orden social y político instalado con el golpe militar de 1973 y consolidado -y maquillado- en la transición a la democracia, comienza a mostrar su desgaste y tensión.

Por ello conversamos con una de las voces más interesantes y, hasta ahora, fuera del discurso institucional tradicional, como lo es la voz del historiador Gabriel Salazar, que como hemos comprobado las últimas semanas, cada vez que irrumpe, abre discusiones y genera debates.

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Salazar es uno de los historiadores sociales más relevantes de Chile. Estudió en el Liceo de Aplicación y luego en la Universidad de Chile donde, además de Historia, se tituló en Sociología y Filosofía.
Fue ayudante de Mario Góngora, uno de los historiadores chilenos más importante del Siglo XX.
Tras el golpe militar fue hecho prisionero y torturado en Villa Grimaldi, experiencia que luego ha utilizado para nutrir una investigación sobre la materia materializada en el libro Villa Grimaldi (Cuartel Terranova). Historia, testimonio, reflexión (2013).

En 1976 partió al Reino Unido donde se doctoró en Historia Social y Económica (Universidad de Hull). Volvió a Chile en 1985, año en que publicó su obra cumbre Labradores, peones y proletarios. Desde entonces no ha parado de investigar, escribir y publicar, convirtiéndose en una de las voces más autorizadas para tratar respecto del poder popular constituyente.

Hoy su radiografía de la sociedad actual es punzante pero no solo ahonda en la critica, que dicho sea de paso abunda, sino también abre paso al debate de las propuestas y devenires.

La crisis

Salazar estima que la actual crisis de representación, que define como “la tercera de nuestra historia”, se ha expresado en dos procesos paralelos pero distintos: “De una parte está el proceso a nivel de la ciudadanía, la cual está adquiriendo un sobre conocimiento de sí misma en el sentido de asumir su soberanía, y al asumir su soberanía, asumir el poder constituyente” señala.

Estima que este proceso “se ha venido acelerando este último tiempo” pero aclara que tiene una dificultad: “El problema que tiene este movimiento por abajo -que a mi me parece muy contundente, muy lento, pero muy seguro- es que necesita cuajar a nivel regional y nacional, de manera que pudiera organizarse a través de asambleas regionales o nacional, reproduciendo un poco lo que ocurrió entre 1918 y 1925”.
Continúa el Premio Nacional de Historia: “El problema es que para eso ocurra, se necesita actores a nivel nacional que promuevan la formación de asambleas ciudadanas de ese tipo. Y no tenemos actores de ese tipo. Hasta 1918 había 4 o 5 de esos actores a nivel nacional, que tomaron conciencia del problema y llevaron todo el proceso a constituirse en asambleas nacionales.

“Hoy esos actores no existen, porque la Federación Obrera de Chile, FOCH -que llegó a constituir una asamblea nacional- no se puede comparar con la CUT de hoy, que es un vergonzoso furgón de cola de la clase política, enchufado, embutido en el Gobierno, por tanto en el modelo neoliberal” afirma.

Estima que lo mismo pasa con el “Colegio de Profesores, la ANEF y otros actores que no tienen presencia nacional como son los trabajadores del cobre o los portuarios, que todavía no se desarrollan suficientemente como para actuar en este plano”.
En relación con la Confech señala: “Aunque tiene noción del problema de fondo, no actúa como un movimiento que proponga una salida a este impasse en que estamos metidos, porque siguen marchando, marchando, marchando; pidiendo, pidiendo, pidiendo… y eso es propio de una forma de movimiento de masas antigua, que ya no tiene ninguna vigencia. Eso explica por qué luego de 15 años de movilización no han hecho nada”.
Sintetiza todo lo anterior afirmando “que nuestro problema es que estamos trancados por la ausencia de actores sociales que tengan conciencia para conducir el proceso a una suerte de escalamiento a lo nacional”.

Dice que esto es lo que pasa por abajo…

Un proceso constituyente dentro del marco de la Constitución de Pinochet

En relación con el otro proceso: el que tiene que ver con los políticos, manifiesta: “ellos han intuido que tienen por debajo una mar de fondo, a un movimiento ciudadano que avanza como una especie de maremoto que no pueden detenerlo, y como no pueden detenerlo, todos los actores se pusieron de acuerdo y aceptaron un proceso constituyente. ¡Que la derecha haya aprobado que se celebre un proceso constituyente que afecta su modelo neoliberal, revela hasta qué punto temen lo que está pasando por abajo!

Pero aclara los límites de este proceso: “Ellos generan todos los mecanismos necesarios para ellos proponer un proceso constituyente dentro de las reglas de la ley, por tanto, dentro de la Constitución de 1980, la de Pinochet”.

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Salazar explica que esto “lo hacen para salvarse a sí mismos” y que el proceso que va por arriba “va a una velocidad histórica rápida, que ellos manejan”. Piensa que lo pueden hacer a corto plazo porque tienen recursos para hacerlo. “Eso explica que el proceso constituyente, que es lo más importante que pueda tener un país, esta gente lo ha programado en cuestión de meses y con etapas debidamente delimitadas”.

Y aquí expone lo que a su entender es la tensión principal de este momento histórico: “El proceso llevado por abajo tiene la razón del mundo, todo el derecho y la soberanía. Pero, no tiene los medios para constituirlo. Y los medios son actores sociales a nivel nacional y ahí estamos estancados. Entonces yo creo que estamos viviendo una situación muy interesante, extremadamente importante, pero estamos dentro de un desfase temporal, dos ritmos distintos. Hay una arritmia que crea esta situación de impasse y de aparente confusión. Eso es lo que yo pienso de esta situación actual”, afirma Salazar.

Ya con una base del análisis planteado, Salazar toma aire y responde su planteamiento frente a la contingencia en conversación con Radio Villa Francia.

– Qué nos puedes decir de la incorporación de los trabajadores y los adultos mayores a las protestas a partir del reclamo por “No más AFP”, pues el 2011 estuvo liderado básicamente por jóvenes en diversas causas y en pos de la transformación de la estructura del sistema educacional y social.

“Yo creo que la sociedad civil y el movimiento social, ciudadano, como quieras llamarlo, tienen dos cosas muy importantes. Uno, tienen una memoria social viva, como nunca tuvo este país. Tiene perfecto recuerdo de lo que pasó con Allende, con Frei, con Pinochet, con la Concertación con Aylwin, todo lo que ha habido últimamente. Y eso les da una autonomía de pensamiento, una autonomía de acción, que está vivita y coleando. Yo creo que la movilización de 2006 a 2013 -que fue espectacular- fue la expresión de eso, pero como no tienen los instrumentos para pasar a otro nivel de lucha, vuelven de nuevo al mismo caldero. Y vuelven de nuevo a producir movilizaciones del mismo tipo.
Partimos el 2006 con ‘No al lucro en la educación’… y en 2016 los cabros siguen con el ‘No al lucro en la educación’. Se agregó después el tema de las asambleas territoriales: ¡‘no a la corrupción del medio ambiente por las grandes transnacionales! Y hoy día pasamos al ¡‘No a las AFP’! ¡Todavía estamos con el ‘No’! Por tanto, son movimiento peticionistas, movimientos antiguos.

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Lo importante es que nos movilicemos no para decir ‘No’, sino que para imponer soluciones. En lugar de AFP: ¿Qué queremos? Eso hay que pensarlo, proponerlo e imponerlo. Para eso se requiere la conjunción de todos los actores a través de una gran asamblea nacional”.

¿Entonces el Movimiento No Más AFP caería en este peticionismo de siempre?

Salazar toma aire y continúa pidiendo que se entienda bien esto:

“En ese contexto, un movimiento como ‘No más AFP’ es más de lo mismo… creo que estamos marcando el paso, con energía, con fuerza, porque tenemos la energía y la fuerza, pero no avanzamos en la práctica, porque no tenemos la propuesta que lleve a convertirnos no en un poder que presiona, no en un movimiento que pide, sino en uno que propone e impone.

Entonces, este movimiento de ‘No más AFP’ demuestra la fuerza que tenemos, la vida que tenemos, pero no el camino, la línea recta que nos lleve a una imposición de la ciudadanía”.

Lagos es un zombi político

– En este contexto de crisis de la clase gobernante: ¿Qué significa la irrupción de Ricardo Lagos más allá de sus aspiraciones presidenciales?

“Creo que da lo mismo lo que diga Lagos. Él a estas alturas es un zombi político. Él está tratando que alguien lo reviva, porque el ya no puede revivirse a sí mismo.
No ha lanzado ninguna idea nueva, no ha dicho nada inteligente -en los últimos tiempos- salvo lanzar críticas veladas a la Concertación y a la Bachelet para crear la sensación que se requiere otra persona y esa se supone que es él. Yo creo que lo que diga Lagos da lo mismo. Lo que diga cualquiera de esos candidatos presidenciales, da lo mismo.

Tienen miedo 

“Lo que pasa hoy es que toda la clase política está insegura porque está viendo lo que viene por abajo, están todos asustados. Por eso que tratan de aparecer como que están buscando soluciones pero en realidad no las tienen. Tienen conciencia que no tienen soluciones a la mano ni medios para imponerlas. Yo creo que la próxima elección va a haber una gran abstención. ‘la yegua de grande’, como decía una amiga.

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Y es que la oligarquía económica, esta suerte de oligarquía política, va a seguir dándose vueltas y vueltas mientras el mar de fondo no produzca ese maremoto que necesita para acabar con el impasse: Porque el movimiento ciudadano, está claro, tiene fuerza, conciencia primaria de soberanía. Sabe lo que quiere y lo que no quiere. El problema es que no logran pasar a otro nivel de lucha para imponer su poder. Yo creo que los actores sociales nacionales que puedan producir eso están ahí con un tapón que le puso el Partido Comunista (PC).
Los grandes actores gremiales siguen manejados por cúpulas políticas, manejadas por partidos políticos, y el PC tiene la sartén por el mango porque tiene controlados los dos actores sociales más importantes que pueden influir en esto. Por eso para que el movimiento social pueda avanzar más rápido, depende mucho que le saquen el tapón a la CUT, al Colegio de Profesores e incluso yo diría a la ANEF. Y la Confech alguna vez debe tomar conciencia de que basta ya de marchar, que es tiempo de unir a toda la clase popular, a toda la ciudadanía, para ejercer poder de manera directa y desde abajo.

Militancia social

¿Y esto se resuelve con hacer nuevos partidos distintos a los que hay e ir a las elecciones?

Esa noción de entender la militancia como estar en un partido para luchar electoralmente para llegar al Gobierno, está absolutamente obsoleta.
El nuevo sentido de la militancia tiene que ver con: Uno, de qué manera puede uno alimentar, nutrir, desarrollar el proceso ciudadano que va por abajo. Se trata de militar para activar un proceso que no es un partido, es una forma de ciudadanos no de partidos. Eso puede hacerlo uno donde esté.

De este modo, el Historiador Ganriel Salazar, autor de “En nombre del poder popular constituyente” (2011), remata:

“Esto es bien interesante de destacar, porque ese tipo de militancia es al mismo tiempo: militancia social, militancia ciudadana, considera responsabilidad ciudadana, y provoca que uno mismo se proyecte a través de un sentido solidario de la política en relación a todos estos movimientos de base”.