Home » Entrevistas » El historiador Gabriel Salazar: “Tenemos que construir nuestras propuestas e imponerlas”
Gabriel Salazar. Fotografía de zancada.com

El historiador Gabriel Salazar: “Tenemos que construir nuestras propuestas e imponerlas”

Por Francisco Marín

Chile está convulsionado. El Gobierno y el Parlamento hacen agua: carecen de credibilidad y respaldo. Investigaciones periodísticas, judiciales y la presión ciudadana han por fin abierto las pesadas puertas que ocultaban el modus operandi de la clase gobernante. El espectáculo es nauseabundo in extremis. Y parece nunca acabar. Es la Caja de Pandora de la “transición a la democracia”.

La elite, acorralada, promueve la violencia policial y la criminalización de la legítima protesta social, como formas preferentes de escapar del asedio de las multitudes, que braman por transformaciones que este sistema les niega en forma radical.
“Esta es la tercera crisis de representación que tenemos en nuestra historia. Si hay crisis de representación, significa que la clase política no está en condiciones de resolver los problemas y que nosotros no creemos que los vaya a resolver. Y eso significa que nosotros tenemos que resolverlos”.

Es lo que expresa en entrevista con Radio Villa Francia, el Premio Nacional de Historia (2006) Gabriel Salazar, quien reflexiona acerca del momento presente de Chile. Asegura que en la otras dos crisis de representación comparables con la actual, la disputa se ha saldado a favor de la élite gobernante, “lo que ha impedido que haya habido una sola asamblea constituyente en toda nuestra historia”.

Salazar (1936) casi no necesita presentación: es uno de los historiadores sociales más prolíficos del país. Estudió en el Liceo de Aplicación y luego en la Universidad de Chile donde, además de Historia, se tituló en Sociología y Filosofía. Fue ayudante de Mario Góngora, uno de los historiadores chilenos más importante del Siglo XX. Tras el golpe militar fue hecho prisionero y torturado en Villa Grimaldi.

En 1976 partió al Reino Unido donde se doctoró en Historia Social y Económica (Universidad de Hull). Volvió a Chile en 1985, año en que publicó su obra cumbre Labradores, peones y proletarios. Desde entonces no ha parado de investigar, escribir y publicar, convirtiéndose en una de las voces más escuchadas por jóvenes y estudiantes.

¿Qué responsabilidad tienen los medios de información de masas, en los últimos hechos de violencia policial contra los estudiantes?

Dado que existe una policía militarizada y un cuerpo especial que está entrenado para enfrentar movilizaciones estudiantiles y juveniles, es inevitable que ocurran escaramuzas como ésta que provocó las graves lesiones contra Rodrigo Avilés. Esto, porque las Fuerzas Especiales de Carabineros no sólo están pensadas para disuadir movilizaciones y evitar que lleguen a dañar el mobiliario urbano y la propiedad privada: es un cuerpo policial que genera violencia callejera, exagera el control de las masas y eso va de alguna manera atado a la forma en que se comportan los medios de comunicación de masas. Porque cada vez que hay una manifestación y ésta termina en escaramuzas callejeras, con cierto empleo de violencia policial y de parte de los encapuchados, al día siguiente casi todos los periódicos sólo hablan de los daños, de los policías heridos.
Es lo mismo que ocurrió con la huelga de los funcionarios de Aduanas –y con tantas otras huelgas- en que los medios hablaron de los daños que produjo al comercio, al transporte, pero nunca se mencionó las razones de la movilización. Esto implica que, en los hechos, hay una especie de confabulación institucional que apunta a distraer los objetivos que instan a la movilización callejera de los grupos sociales, para desviarlos en otra dirección, y así distraer la atención de los reales problemas de la sociedad.

En este contexto, ¿Qué importancia práctica, qué utilidad concreta tienen las movilizaciones callejeras?

Los ciudadanos y los grupos que representan a la clase popular, deberíamos buscar otra forma de hacer valer nuestra voluntad, porque solamente desfilando, reclamando, protestando en la calle no avanzamos nada. Llevamos 200 años haciendo eso. Si seguimos reclamando de esa manera, solamente con reclamos en la calle, sabiendo que existe esta reja que está desviando toda la atención, yo creo que no estamos avanzando nada.
Los estudiantes se están movilizando desde 2001 y ahí están todavía marchando. No hemos avanzando nada respecto de como nosotros imponemos un proyecto educativo que sea netamente popular, organizado y construido por nosotros mismos.

¿Qué método distinto a las manifestaciones podría resultar?

Tenemos que sentarnos en distintos tipos de asambleas locales, a construir nuestras propuestas, que pueden ser proyectos de ley, de constitución política, proyectos locales, de valles como el Huasco. Cuando tengamos esas propuestas, la solución en la mano, tenemos que imponerlas por las vías que sean más expeditas. Eso es más efectivo que desfilar en la calle para pedir que la clase política o los milicos resuelvan el problema.
Lo primero, es el ejercicio de poder y de soberanía popular ciudadana. Lo segundo, el viejo peticionismo de masas sociales que piden en la calle, que no resuelve nada.

-Estamos ante una crisis política y de representatividad y, evidentemente, el movimiento estudiantil ha agudizado esta crisis. Existe un extendido deseo de poder construir, por primera vez en nuestra historia, una constitución a través de una asamblea constituyente. La calle y distintas encuestas lo demuestran.

¿Crees que podamos alcanzar el sueño de dar forma a una institucionalidad por todos emanada?

Creo que si, en la medida que aprendamos a construir la propuesta, la solución e imponerla. Pero si seguimos pidiendo y reclamando en las calles, que la clase política resuelva, no vamos avanzar un paso y no vamos a llegar a controlar el proceso constituyente.
Lo importante del “proceso constituyente”, del que habló la presidenta (Michelle) Bachelet, es que sea controlado por la ciudadanía y por la clase popular. Porque si lo controla la clase política existente ahora, vamos a quedar exactamente en lo mismo. Porque la historia muestra que esto siempre ha sido así. Las tres constituciones que hemos tenido han sido manipuladas de tal manera que hemos quedado en lo mismo que había antes, y la ciudadanía quedó frustrada respecto de las expectativas generadas en estas coyunturas constituyentes. Si no aprendemos a imponer nuestras soluciones, nuestras propuestas, no vamos a lograr controlar el proceso constituyente. No sacamos nada con estar gritando en la calle: “¡asamblea constituyente, asamblea constituyente!”, porque incluso lo que vamos a conseguir, es que los políticos la organicen y eso va a significar que vamos a quedar igual que antes.

¿Existe en la historia de Chile un momento de mayor desprestigio de la clase gobernante, de crisis de representatividad como el actual, en que se está comprobando que hasta las leyes, como ocurre con la de Pesca, han sido compradas?

Durante los cien años del siglo XIX la clase política operó sola en el Estado, sin ciudadanos. De hecho, se estaba viviendo una crisis estructural de representación, porque la ciudadanía fue negada, fue manipulada, a través del cohecho, de la manipulación de las urnas electorales. La del siglo XIX fue una clase política sin ciudadanos. Y a comienzos del siglo XX, cuando ya comienzan a aparecer los ciudadanos como tales, se produce una primera y enorme crisis de representatividad. Esto ocurre entre 1910 y 1925, aproximadamente. Es el periodo en que Luis Emilio Recabarren asume para que sea el pueblo el que tome la sartén por el mango, gobierne y dicte la constitución.
La segunda gran crisis de representatividad fue más menos entre 1947 a 1952, que fue un desprestigio de toda la clase política. Por eso las masas populares votaron por la virtual dictadura de Carlos Ibañez del Campo, cuyo gobierno no resultó, porque finalmente no se la pudo. Esa es la verdad.
En la época de Recabarren la ciudadanía fue engañada por Arturo Alessandri Palma. A mediados del Siglo XX la ciudadanía pensó que el General Ibáñez del campo iba a resolver la crisis de representatividad con la escoba, esto es: barriendo con los políticos. Pero no lo hizo.
Hoy día tenemos la tercera oportunidad y esta vez no podemos equivocarnos ni esperar que venga un salvador tipo como Ibáñez a resolver los problemas. Si no los resolvemos nosotros vamos a quedar exactamente igual que antes”.

¿En qué medida el uso que se le da a las redes sociales socava el poder de los medios tradicionales y alteran la correlación de fuerzas?

En primer lugar, hay que partir la reflexión señalando que los medios de comunicación de masas, que están en manos de la oligarquía, han perdido credibilidad y uso. De ahí los problemas financieros que tiene la televisión actualmente y diarios como El Mercurio, que se ha ido achicando, achicando, cada día más. Eso tiene que ver, en segundo lugar, con que la ciudadanía ha aprendido a comunicarse y a informarse a sí misma, por si misma, a través de los medios electrónicos de comunicación, que se usan en Chile enormemente.

En tercer lugar, la ciudadanía ha aprendido a comunicarse oral y verbalmente a través de las asambleas ciudadanas que están surgiendo por todas partes. El asambleísmo está en apogeo en Chile, aunque los medios de comunicación de masas no informen de esto, pero este es un fenómeno real que nos consta. Hoy día la ciudadanía chilena tiene sus propios medios de información y autocomunicación. Lo electrónico, que lo usan a destajo, y la asamblea ciudadana que implica una deliberación oral directa. Entonces, ya no estamos desesperados por los medios de comunicación (tradicionales) salvo para informarnos de lo que piensan los políticos, lo que a esta altura da lo mismo.
En este sentido, estamos en una situación extraordinariamente favorable. No dependemos ni siquiera de un diario de izquierda. Tal vez en otros años El Siglo era re-importante, o El Clarín era re-importante, pero hoy no los necesitamos: la información viene por otras vías y la posibilidad de deliberar sobre esta información y lo que estamos pensando, también tiene otras vías mucho más directas.

En marzo de 2010, la anterior vez que le entrevisté, sostuvo que “la posibilidad que surja un nuevo movimiento de izquierda, antineoliberal, está en las bases populares, sobre todo en el segmento más universitario de la clase popular”. Un año después, irrumpieron los jóvenes en las impresionantes manifestaciones en defensa del territorio (contra Hidroaysén) y por la democratización de la educación, que parecieron darle la razón. ¿Qué importancia le asignas a la juventud en el proceso de transformaciones que vivimos actualmente?

No hay duda que los jóvenes, desde cerca de 200 años, están llamando la atención acerca de los problemas de la sociedad, agitando esos problemas, creando conciencia al respecto, y creo que ese rol lo siguen cumpliendo el día de hoy. Pero mientras los jóvenes no se unan a otros actores sociales, para levantar propuestas de soluciones, vamos a seguir simplemente haciendo denuncias.
Hoy hay muchos jóvenes, que aparte de marchar, están organizando colectivos que se unen en torno a ideologías del pasado. Y así, vamos resucitando el anarquismo, leyendo los autores pertinentes; vamos resucitando el guevarismo. El viejo MIR, en términos ideológicos, cuando de lo que se trata hoy es, aparte de denunciar los problemas concretos, es levantar soluciones concretas también. Porque la clase política no va a solucionar los problemas.