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El impuesto al libro en Chile: El Prólogo de una Dictadura

Foto post dia libro

La Dictadura a los libros, el caso de Chile. 

 

Fue en diciembre de 1976, en plena Dictadura militar, en que comenzó a aplicarse el impuesto a los libros en Chile. Antes de aquella dictatorial medida los libros en Chile estaban libres de impuestos y eran considerados en el mismo sitial que el de un bien de necesidad básica.
Así rezaba la normativa antes de 1976 en Chile:

[Estarán exentos de impuesto:] Pan, leche, sea en estado natural, desecada, condensada, evaporada o en polvo, alimentos de sustitución láctea; agua potable, frutas y verduras frescas, papas, cebollas, ajos, trigo, maíz, porotos, lentejas, garbanzos, arvejas, arroz, huevos, ganado, aves, sal, harinas de cereales o de legumbres; carne fresca, congelada o deshidratada; pescado, algas marinas, mariscos y crustáceos frescos y congelados destinado al consumo humano, excepto ostras, langostas y centollas; textos y cuadernos escolares, libros, diarios y revistas destinados a la lectura.]

militares en chile quemando libros

La dictadura vio en los libros un arma peligrosa que podría llenar de ideas la cabeza de los chilenos y por tal, prefirió establecer una normativa que disminuyera la posibilidad de adquisición, eso además de realizar públicame.nte piras de fuego para quemar, lo que denominaban: libros subversivos que afectan el cerebro de los compatriotas.

Pero una vez acabada la Dictadura militar encabezada por Pinochet nada cambió. Los gobiernos democráticos de las 2 últimas décadas nada han hecho por resolver este enclave dictatorial ni mucho menos por disminuir o bien eliminar el impuesto al libro.

A contra corriente de la realidad regional, en la que los libros tienen bajisimos impuesto o, como en algunos países, ni siquiera se les aplica impuestos, como sucede en casi todo el mundo. Pero en Chile comprar un libro es “un lujo”.

En 1993 se creó el Consejo Nacional del Libro y la Lectura pero no se eliminó el IVA (Impuesto al Valor Agregado) y, paradojalmente, se planteó que lo recaudado con el impuesto fuera a un fondo para programas de “promoción de lectura”.

Desde ese tiempo diversas iniciativas han llegado al Congreso pero ninguna a prosperado, cosa rara pues todos los años se plantean propuesta de eliminación del IVA al libro pero el resultado siempre es el mismo: Nada.

Los libros en Chile son caros, no se lee lo que se quiere sino lo que se puede. Bajo la dictadura de los “libros obligatorios” que en vez de fomentar la lectura incentiva la animadversión a ella, tanto por la obligatoriedad en la etapa escolar tanto por la elección de textos en las mallas curriculares que se basan mas en acuerdos económicos con editoriales que en un espíritu real de fomento a la lectura.

La mayoría de los chilenos y chilenas encuentran libros en una copia comprada a un precio muchísimo menor en Ferias libres o en la calle (siempre ante la atenta mirada de la policía) tenemos una suerte de  “castigo de la idea” la imaginación atrofiada por la TV y la desesperanza de quien no puede viajar “a donde quiera” (sino donde pueda) a través de un libro.

Quizás esto sume como factor a que en un país que se jacta orgulloso de 2 premios nobeles no se aspire (ni fomente) a niños y niñas como objetivo de éxito llegar a ser escritor/a. Por lo que se dan contados casos que confirman la regla.

En Chile, no se lee lo que se quiere, sino lo que se puede, se castiga a la idea y enjaula a la imaginación…

Iva al libro en Chile