Home » Noticias » Eugenio Tironi: “Los ricos nos cuidamos, principalmente, porque sentimos que hoy cualquiera se rebela”

Eugenio Tironi: “Los ricos nos cuidamos, principalmente, porque sentimos que hoy cualquiera se rebela”

Algo de razón le encuentro a esta frase de Pinochet: “Hay que cuidar a los ricos para que den más”. Así comienza “el Manifiesto” de Eugenio Tironi publicado este fin de semana en el diario La Tercera. Uno de los ideólogos de la Concertación que lograra reconocimiento público por su trabajo creativo en la campaña del “NO” durante el plebiscito de 1988 y que lo llevó a obtener un puesto clave en la denominada transición a la Democracia durante el gobierno de Patricio Aylwin, allí se hizo cargo de las comunicaciones de La Moneda (conocida hoy como la SECOM) en donde desplegó su manejo comunicacional en tiempos en donde las señales y los “gestos” políticos eran vitales. Así el ex MAPU lograba un bagaje político y profesional el que, contrario a sus viejos ideales de izquierda, llevó al mundo privados, iniciando en 1994 “Tironi y Asociados” de allí su Consultora ha sido cotizada en el mercado ofreciendo servicios comunicacionales y de “resolución de conflictos” para las grandes empresas que se han visto enfrentadas con comunidades, en la mayoría de las veces, por proyectos contaminantes.

El Manifiesto de Tironi es una reflexión en voz alta, una que no siempre se muestra y por eso, su columna, se convierte en un manifiesto y caja de resonancia de la élite privilegiada de Chile. Así Tironi dice sin empacho: “si uno crea buenas condiciones para que los ricos estén felices y satisfechos, éstos van a invertir más, van a crear empresas, producir empleos e incluso remunerar bien a sus empleados por un sentido mínimo de magnanimidad“.

El sociólogo recita el mantra tradicional de la derecha y que el propio Pinochet hizo a la fuerza instalarse en Chile. Es la tesis del “chorreo” (que hoy se le llama “tasa crecimiento”, pues suena mejor) así, si los ricos están en bien, en una de esas (“e incluso remunerar bien”) podrían pagar de manera justa los salarios, pero eso es solo una posibilidad, no una regla como bien lo plantea Tironi.
Luego entra en materia desde su olímpo de “experto” tratando de hacer una radiografía de la crisis de institucionalidad y el buen gobernar, señalando lo obvio: existe una disociación entre lo que la ciudadanía quiere y los gobiernos pueden (o quieren) dar. Así sentencia: “Cuando estuve en la Secom aprendí que hay problemas que ni una Secom puede arreglar. A este gobierno le pasa eso: no encuentra una nueva plataforma sobre la cual pararse“.

Pero este sigue y nos regala ese pensamiento en voz alta que clarifica muchas de las cosas que el común de los mortales (no privilegiados) nos cuesta entender. Lo que piensan realmente los ricos, sus temores y si se estira el análisis, la explicación de las políticas actuales basadas en el miedo, el miedo de la élite del país:

Estoy en la categoría de rico y no tengo por qué esconderlo. Como tal, creo que no estamos pasando por un buen momento. Los ricos nos cuidamos, principalmente, porque sentimos que hoy cualquiera se rebela. Nos asusta el clima de descontrol y desorden en el que ya no se respeta nada. También nos sentimos más hostilizados de lo que se sentía uno hace 15 años, y eso se expresa en el estado anímico. Creo que ser rico es difícil, es una responsabilidad, y comparto la existencia del sentimiento de que el mundo escapó de su control.”

La cercanía de Eugenio Tironi, (el ex joven pequeño burgués izquierdista reconvertido) a los poderes fácticos y al “Partido del Orden” hacen que su manifiesto no solo sea una columna de un pedante y arrogante intelectual sino a la vez, un planteamiento reflexivo de su entorno, de esos “ricos” a los que sin vergüenza dice pertenecer pero que confiesa “no es fácil serlo”.  Así finaliza en el fondo, más allá de ese progresismo y cinismo del que ha hecho gala se nos muestra tal cual es la élite, conservadora y temerosa, desconfiada del existencialismo y las dudas que generan caos al orden establecido, y así lo termina de expresar al final: “Me mueve el catolicismo. Para mí, creer es una forma de conocer y también una forma de ser humilde. La pérdida de la creencia es la mayor muestra de antropocentrismo“.

Aquí “el manifiesto” original.