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Expertos coinciden: Salmoneras causaron proliferación de la Marea Roja y son responsables de lo que ocurre en Chiloé

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l archipiélago de Chiloé, así como otras localidades de la Región de Los Lagos, están hoy movilizadas. Es la barricada la actual postal de una zona que habitualmente es reconocida por su belleza y calidez de su gente. Sin embargo es hoy la rabia la que está presente, la frustración, una sensación de abandono y de preocupación del futuro inmediato. En medio de eso, un mar de preguntas que se replican en cientos de conversaciones alrededor del fuego con olor a caucho, de la olla común y de las improvisadas asambleas que han proliferado. Todos tienen un relato claro de lo que ocurrió, de lo que pasará, pero al juntar las piezas el rompecabezas aún es difuso. Por su parte, la autoridad central ha demostrado incapacidad y un manejo torpe, en momentos en que la sospecha impera y la claridad se ahoga. ¿Fue la Marea Roja? ¿La industria salmonera? ¿El vertido de salmones muertos al mar? ¿El fenómeno del Niño? ¿Fue la mala suerte? ¿Quién o qué es responsable de la muerte en las costa de Los Lagos? La respuesta parece estar en el fondo del mar y es momento de que comience a salir a flote.

Bomba de Tiempo

Una serie de factores naturales y otros de acciones deliberadas, fueron incubando las condiciones propicias para una bomba de tiempo que estalló hace unos meses, misma que no pudo ser posible sin la complicidad y las omisiones respectivas de las autoridades, más preocupadas de las cifras económicas y de productividad de la región. Así, el Fenómeno de “El Niño” elevó las temperaturas de las aguas de la costa del pacífico en casi 3 grados, se sumó a ello “La Marea Roja”, fenómeno presente en Chile desde la década del 70′ y que ha tenido directa relación con el manejo productivo del recurso marino por parte de la industria salmonera y pesquera, se agregó a aquello una sistemática sobrecarga de nutrientes y tóxicos en el lecho marino por parte de la industria salmonera (denominada eutrofización), desregulada y amparada por una débil fiscalización, operadores políticos y una política estatal de desarrollo irresponsable y cuestionable, todo eso coronado, como acto simbólico, de un cuadro desastrozo por el vertimiento de miles de toneladas de salmones muertos y en descomposición en el mar, que solo consta en papeles y en la buena fe de que todo se hizo como se dijo. Una serie de elementos y factores que terminaron por generar las condiciones de una bomba que finalmente estalló.

Rearmando los hechos

Tras los rumores sobre una autorización que Sernapesca le habría proporcionado a “Salmón Chile A.G.” para que vertiera pescados muertos en el mar, los pescadores artesanales junto a los mariscadores y vecinos de Ancud, en Chiloé, se organizaron para presionar a las autoridades marinas y exigirles una respuesta clara sobre el asunto.

Después de recorrer varias oficinas, lograron dar con un documento de la Dirección de Intereses Marítimos y Medio Ambiente Acuático de la Armada de Chile, en el que se informaba que “Salmón Chile A.G.” había enviado un informe técnico a Sernapesca y que esta a su vez había autorizado el vertimiento de 9 mil toneladas de salmones muertos a las aguas del pacífico. (ver documento de autorización de la Autoridad Marítima).

Debido a lo alarmante de la noticia, ya que semejante carga de pescados podridos podía provocar una crisis contaminante en el mar, los pescadores comenzaron a golpear las puertas de todas las autoridades para denunciar lo que estaba ocurriendo, pero nadie quiso escucharlos.

Cuando empezaron a morir los mariscos y los animales en Cucao, le mandé una carta a Sernapesca contando lo que estaba pasando, diciéndoles que podía ser por el vertimiento y que necesitábamos que hicieran algo, pero nunca respondieron. El 4 de abril sesionó la Comisión de Pesca de la Cámara de Diputados y les escribí diciéndoles que necesitaba ir a contarles lo que estaba ocurriendo, pero me respondieron que solo podía ir de oyente, la semana siguiente, con el sindicato, dejamos una carta en la municipalidad de Ancud, pidiendo que nos invitaran a la mesa con Sernapesca y la autoridad Marítima (La Armada), pero tampoco tuvimos respuesta”, cuenta Andrés Curumilla, buzo apnea y recolector de algas y mariscos, del Sindicato de Recolectores de Orilla Marichiweu.

A la ola de despidos (casi 3 mil personas), que la crisis de los salmones había provocado en la industria, se sumó la preocupación por la contaminación que el vertimiento de pescados podridos podía provocar en las aguas del pacífico y una serie de intoxicaciones que comenzó a sufrir la población, producto del consumo de mariscos.
En Ancud, los trabajadores del mar, comerciantes y vecinos salieron a las calles para exigir a la alcaldesa la conformación de una mesa de trabajo ciudadana; que se estableció el jueves 28 de abril durante una reunión extraordinaria del consejo comunal, y a la que asistieron la seremi de Salud de la Región de los Lagos, Eugenia Schnake, el gobernador Pedro Bahamondes y un equipo técnico de Sernapesca, entre otros.

Nosotros le preguntamos qué había pasado con los salmones y quién había dado la autorización para tirarlos al mar, y ellos (las autoridades de gobierno) dijeron que los botaron a 144 millas del golfo y a una profundidad de 4 mil metros y que la autorización la había dado la Directemar de la Armada de Chile. Entones les respondimos que la gente de Carelmapu había visto a los barcos tirando pescado cerca de la costa, que iban y volvían durante el mismo día, lo que es imposible de hacer cuando se llega a las 144 millas; pero ellos hicieron como que no escucharon y comenzaron a explicar que los problemas se debían a la marea roja ¿Cómo llegó la marea roja aquí? Nos dijeron que había sido por un fenómeno natural”, asegura el buzo Carlos Torres, quien estuvo presente en el consejo.

Efectivamente, Sernapesca y las autoridades en la materia, han señalado a los medios que si bien se efectuó vertimiento de salmones muertos al mar (biomasa en descomposición), esto se hizo con todo los protocolos y resguardos respectivos a 75 millas de la costa de Puerto Montt y a 4 mil metros de profundidad. Sin embargo, hasta ahora, no hay comprobación fehaciente que efectivamente se hubiese hecho así, esto a pesar de que dicho proceso fue realizado bajo la supervisión de la Armada, que cuenta con buques con GPS y con la fiscalización de Sernapesca, pero, a pesar de haber pedido documentación del proceso de vertimiento, la autoridad no ha entregado pruebas de como se desarrolló dicho vertimiento.

Por su parte Andrés Curumilla, que también asistió a la reunión dijo que “El técnico de Sernapesca explicó que el salmón había sido tirado donde confluyen las corrientes y que por eso no nos iba a afectar, pero la gente dijo que eso era mentira. Ahí comenzaron a explicar que los problemas de intoxicación se debían a la marea roja, que no había que consumir mariscos, que eso solo afectaría a los pescadores y que nadie más iba a sufrir, que no era un tema social y que no era para alarmarse”.

Sin embargo se alarmaron y vía ley de transparencia, obtuvieron más claridad de Sernapesca sobre lo que se autorizó verter al mar y, lo que a esta altura parecía más importante, si se había realizado un estudio respecto a la mortandad de los peces que serían vertidos y si la biomasa había sido sometida a tratamientos con sustancias químicas. La respuesta llegó unas semanas después y en el documento se señala que NO, no se había pesquisado aquello, pero “se verificaría el no uso de de sustancias químicas en la biomasa a verter: (ver documento de respuesta de Sernapesca). Aquello despertó más preocupación y preguntas, pues, según señalaba el documento, la autoridad había autorizado el vertido de la biomasa (oficialmente 9 mil toneladas máxima) sin analizar su mortandad y que tipo de químicos tenían, sin embargo, al momento de verter “se aseguraría el no uso de sustancias químicas”. Además, se transparentaba en parte el volumen de biomasa (salmones muertos) que ascendía (oficialmente) a unas 27 mil toneladas, y en el mismo documento se señala los problemas que implicaba ocupar otras opciones: vertederos autorizados, plantas reductoras de la región (las que ya estaban sobrepasadas) y plantas reductoras de la XI y VIII región (también saturadas), a lo que se sumaba la peligrosidad de realizar proceso de reducción (en tierra) debido al nitrógeno volátil total (TVN). Lo otro, como se sabía de personas ligadas a la industria salmonera, fue convertido en harina de pescado.

Tantos Curumilla como Torres, aseguraron que dos días después de esta reunión, los bancos de mariscos comenzaron a varar en Cucao y que esto se repitió en Mar Brava y en otras playas que miran al Pacífico, provocando la muerte de todos los animales que se alimentaron de ellos. Versión que se suma a lo narrado por Teresa Calfunao a este medio.

De este modo la alarma y la indignación comenzó a aflorar y comenzaron las movilizaciones. En medio de todo eso, se comenzó a hacer un repaso de los hechos. Las miradas apuntaban a la Industria salmonera, pero no solo respecto al vertimiento de pescados muertos al mar, sino al manejo constante del ecosistema marítimo que hoy entraba en crisis. Así, la historia de que esto se debía exclusivamente a “La Marea Roja”,y que esta apareció en Chiloé “por arte de magia” comenzó a ser ampliamente criticada y descartada por las organizaciones de pescadores artesanales y otras ligadas al trabajo en el mar (orilla e interior).

Qué es la Marea Roja y cómo llegó a Chiloé 

En las aguas del sur de Chile, existen unos microorganismos llamados dinoflagelados, que al momento de ser consumidos por los moluscos (choritos, almejas), liberan una toxina paralizante que no los mata, pero queda impregnada en su carne, que sí paraliza y puede matar a una persona que se alimenta de mariscos infectados.
Estos microorganismos (dinoflagelados) fueron descubiertos en el Estrecho de Magallanes el año 1972, luego comenzaron a expandirse hacia el norte hasta llegar a la XI región. Explica el destacado activista y experto en la materia, Héctor Kol, quien trabajó durante años en la industria del salmón y que hoy forma parte del comité de defensa del borde costero de Puerto Montt.
Según el experto, debido al desarrollo de la industria del salmón entre Aysén y Los Lagos, este microorganismo comenzó a esparcirse hasta la X región, debido a que los buques de carga comenzaron a transportarlos en la misma agua donde llevaban salmones vivos para faenar.

Los dinoflagelados, son como semillas que, en condiciones normales del Océano Pacífico, se depositan en los sedimentos sin causar alteraciones, pero que si sube la temperatura del agua y reciben nutrientes y florecen, convirtiéndose en microalgas, popularmente llamadas marea roja.

Es cierto, el fenómeno del niño genera las condiciones de luz necesarias para que se eleve la temperatura de la marea, pero lo que el gobierno no ha dicho es que la responsable del sobre enriquecimiento con nutrientes, es la industria del salmón. Entonces, decir que la marea roja se produce solo por el fenómeno del niño, es mentir e intentar esconder la responsabilidad de los productores salmoneros y el grave impacto que genera la salmonicultura”, sentencia Kol.

El experto revela que la industria lanza al océano toneladas de nutrientes, a través de los alimentos que le dan a los salmones y sus respectivas fecas, produciéndose un fenómeno conocido como “eutrofización del mar”.

La eutrofización o eutroficación del Mar: El reloj de la bomba

La “eutrofización” genera un sobre enriquecimiento de nutrientes que impacta en todos los microorganismos que se encuentran en el agua del mar, provocando entre otros que se desarrollen grandes cantidades de microalgas, como las de la marea roja o las que, en febrero de 2016 provocaron la muerte de más de 15 millones de salmones, según constató Sernapesca.

Lo que causó la muerte de los salmones, fue la Chattonella, que son microalgas que se meten en las agallas de los peces, irritándolas e impidiéndoles realizar el intercambio gaseoso, por lo que mueren ahogados. Esto resulta grave sobre todo porque los peces están encerrados y no pueden arrancar de este ataque, pero lo peor es que la proliferación de estas algas es causada por las mismas salmoneras que tiran los nutrientes para que se desarrollen”, precisa el biólogo Federico Orellana.

Ambos expertos recalcan que es urgente detener el funcionamiento de las salmoneras ya que no solo han provocado la muerte de sus propios salmones, por el desarrollo de la Chattonella, también constantes crisis para los trabajadores del mar, por el desarrollo de la marea roja, y una afectación irreparable al ecosistema marino.
Pero Orella va más allá y advierte, “Aquí, a parte de la marea roja, hubo negligencia de las autoridades que permitieron el crimen de tirar toneladas de desechos con tóxicos no identificados al mar. La marea roja no mata los moluscos, entonces ¿Cómo se explica la mortandad si no es por la presencia de elementos tóxicos en el agua? ¿Quién puede creer que el vertimiento de 15 millones de pescados podridos y con químicos, al mar, no van generar ningún impacto negativo?”, señala.

Así, ambos expertos apuntan al proceso de eutrofización, como el factor detonante en el florecimiento del alga que hoy causa estragos en la región de Los Lagos. Sin ese factor, los problemas del Fenómeno del Niño serían visibles, pero jamás del nivel catastrófico que se ha visto hoy.

La Marea Roja en Chiloé

Para marzo del año 2009, frente a la observación y los antecedentes que se tenía de anteriores eventos como la crisis de Marea Roja del 2002 -que terminó en un decreto de zona de catástrofe en Chiloé- la asociación de miticultores de Chiloé (cultivadores de choritos), junto su encargado técnico, el biólogo marino Federico Orellana, se percataron de la presencia de marea roja (aún) en la XI región y del riesgo de que esta se extendiera nuevamente a la Isla de Chiloé, mediante el agua en la que los salmones vivos eran transportaban desde Aysén, en unos barcos llamados Wellboat.
Temiendo que un contagio de marea roja pudiera afectar nuevamente la extracción de mariscos, lo que desencadenaría una crisis dada la proximidad de la semana santa, se reunieron con la Capitanía de puerto de Quellón y Sernapesca, para discutir la implementación de una medida de control.

Se acordó que no se autorizaría la descarga a ningún Wellboat, sin antes realizar una muestra en las aguas que transportaba, y que el muestreo se realizaría en presencia del presidente de los mitilicultores, el capitán de puerto y el encargado de Sernapesca. El 23 de marzo, llegó un Wellboat desde Aysén, se reunieron el presidente de los mitilicultores y el capitán de puerto, pero el encargado de Sernapesca, Iván Oyarzún, quién en ese momento estaba acompañado por el director regional, Francisco Fernández Batlle, se negó a realizar la muestra y la descarga se efectuó sin ningún tipo de control”, relata Orellana.

El biólogo cuenta que al otro día de la descarga, Sernapesca realizó el muestreo a puertas cerradas y los resultados confirmaron los temores, había marea roja.
Ese mismo día, el 24 de marzo, la seremi de Salud de los Lagos, decretó el cierre de la zona y la prohibición de extraer mariscos, ocasionando pérdidas cuantiosas a los mitilicultores y dejando sin trabajo a los pescadores artesanales y recolectores. Esto provocó que se realizara una protesta desde todos los sectores afectados, para presionar al gobierno, que terminó creando empleos de emergencia.

El entonces presidente de los miticultores, Juan Salinas, a través de Transparencia, pidió copia de todos los estudios realizados a los Wellboat, a partir de marzo de 2009, y recibió una respuesta, casi 2 meses después, en la que se indicaba que de 226 muestras tomadas, 10 habían arrojado resultados positivos con altos niveles de toxina”, detalla el biólogo. (ver documento aquí).

Federico Orellana explica que después de superada la crisis, las autoridades elaboraron un protocolo respecto al transporte en los Wellboat, con medidas de control estrictas las que, con el paso del tiempo, se fueron perdiendo y permitieron que se siguiera transportando agua infectada, provocando lo que hoy podemos, lamentablemente, constatar.

Mismo diagnostico tiene el dirigente Nacional de la Pesca Artesanal, Cosme Caracciolo, quien señala que “la marea roja ha existido siempre en la décimo primera región y si ahora hay en la décima en la forma y potencia que vemos hoy, es porque las salmoneras la trajeron“.

Por su parte, el biólogo Marino chilote, Víctor Guaquín, coincide con los otros expertos y critica la versión dada por la autoridad, respecto a lo que ha ocurrido en Los Lagos, y particularmente en Chiloé, calificandola de a lo menos cuestionable. “En la zona donde yo vivo no hay ninguna mortalidad y la densidad de miligramos cada 100 gramos de carne es muy similar a las zonas donde se ha encontrado mortalidad. Entonces, insisto, si no hay una prueba científica, el sentido común, la lógica, te muestra que es poco probable que la marea roja produzca la mortalidad“, señala en entrevista a Resumen.

La cuestionada omisión en la declaración del presidente del Colegio de Biólogos Marinos de Chile

Es así, que entre los expertos, no hay duda respecto de que la catástrofe que azota a la región de Los Lagos se debe, en parte, a dos fenómenos que existen y que son comproblables: El Fenómeno del Niño (Godzila) y la Marea Roja. Sin embargo ha habido diferencia y omisiones, respecto a las condiciones que permitieron que estos fenómenos golpearan con más fuerza y con una mortandad sin precedentes en la zona: La industria salmonera.

Fue en medio de la polémica, y cuando las miradas apuntan a las eventuales responsabilidades de la Industria salmonera, cuando una declaración fue hecha llegar a los medios de comunicación y que rápidamente fue replicada por estos: La declaración venía firmada por el presidente del Colegio de Biólogos Marinos de Chile, Adolfo Velásquez. En ella se responsabiliza “al cambio climático (calentamiento global) de la serie de efectos ”anómalos” que se están documentando“. Cuestión que por lo demás concita consenso en el mundo científico, sin embargo en el punto 3 de dicha declaración se señala lo siguiente:
Podemos hablar de los siguientes factores respaldados científicamente que afectan y promueven el Bloom de Algas: calentamiento global, acidificación, un extremo fenómeno de El Niño (señalado como Godzilla por la NASA) y eutroficación de las Aguas Interiores“. (ver declaración completa).

Sobre la eutroficación (o eutrofización) citada, no hay mención alguna a la industria salmonera, que, ante la evidencia, es quien ha generado la mayor sobrecarga de nutrientes al ecosistema marino de la zona generando la eutroficación y florecimiento inusitado de algas nocivas. Dicha omisión causó graves molestia en la comunidad de biólogos marinos chilena, quienes esperan se hagan la corrección respectiva, por el bien y la imagen de la profesión.

Algunos han ido más allá y denuncian que la citada declaración con la omisión de responsabilidad plausible de la industria salmonera, tiene intereses creados, en relación a que Velásquez es dueño de la empresa “Eccoprime”, que presta sus servicios precisamente a las grandes industrias salmoneras. Así, se apunta a que la declaración de Velásquez fue “a medida” de la industria salmonera. Es por ello que también se recordó, de paso, su cuestionado rol en la fiscalización durante el “Caso Celco” ocurrido en Valdivia durante el gobierno de Ricardo Lagos y que terminó con uno de los mayores desastres medioambientales de las décadas recientes y la muerte en masa de cisnes de cuello negro. En ese entonces, Velásquez era Director del Área de Estudios de la Conama en la región (X).

La historia de favores políticos y protección a la industria salmonera en Chile

Cuesta creer que respecto a una industria con un claro prontuario medioambiental, que fue objeto de duras criticas de parte de la clase política tras la “crisis del salmón”, por su irresponsabilidad y mal manejo en la misma y que ha sido internacionalmente cuestionada y señalada como “industria inviable” debido a sus métodos de producción, como consta en una editorial del New York Times (agosto 2011), tenga tal nivel de favores y protección política en los distintos gobiernos.

Y es que la industria salmonera chilena ha sido duramente cuestionada. Por ejemplo, en junio del 2010, la prestigiosa revista británica de ciencias, “Nature“, publicaba un articulo titulado: “Llamado a la cooperación para contener los daños causados por las granjas de salmón de Chile” en donde se denunciaba las malas prácticas de la industria salmonera, particularmente en el proceso de “engorda” y las presiones que la misma, a nivel político y científico, que se realizaban para seguir funcionando, a pesar de su inminente peligro para el medioambiente llevando al desastre ecológico -en ese entonces en Aysén-. A eso se sumó la editorial de la revista Time, escrita por el director de ciencias de dicho medio, Jeffrey Klugger, quien criticó duramente a la industria salmonera chilena señalando: “El área es un tremendo desastre y la culpa es del salmón, o mejor dicho, de la gente que los cría. La comida y los desechos de los salmones fluyen desde sus contenedores hasta los fiordos y canales, intoxicando el ambiente de otros peces”.

¿Por qué tan duras criticas? Precisamente porque meses antes, en marzo del 2010, a pesar de todo el prontuario medioambiental y de la crisis provocada por la industria del salmón, el Congreso despachaba una “Ley de pesca y acuicultura” desarrollada durante el gobierno de Michelle Bachelet, que premió a la industria salmonera chilena y les dio por concesión -en condiciones ventajosas- del mar austral de Chile, incluyendo de paso, la posibilidad de hipoteca para prestamos bancarios. Así fue despachada, en los últimos días del gobierno de Bachelet, la denominada “Ley del Mar Austral” o “ley de privatización del mar” (ley salmonera). Misma Ley estuvo encabezada por Felipe Sandoval (DC) quien había sido puesto a la cabeza de “La mesa del Salmón”, por la presidenta Bachelet, y que años más tarde (fines del 2013) sería nombrado como presidente de “Salmón Chile A.G.”, que agrupa (como gremio) a la industria salmonera y que preside hasta el día de hoy. Irónicamente, su aprobación en el Senado fue el mismo día en que Chile ratificó (en la misma cámara alta) su ingreso a la OCDE. Así, tras su último trámite en la cámara de Diputados, la ley era un hecho el 16 de marzo. (revisa como quedó la ley para su promulgación)

En ese entonces, la agrupación de pescadores artesanales de Aysén, en una declaración fechada el 11 de marzo, criticaron duramente dicha ley, en la que acusan que se ocupó la tragedia del terremoto y posterior tsunami (27 febrero) para pasar una ley que era en la práctica la privatización del mar al servicio de la industria salmonera. (ver declaración).

El periodista Francisco Marín corresponsal en Chile de Revista Proceso (MX), quien ha investigado profundamente este tema, señala que “aquí ha habido una clara y deliberada protección a la industria pesquera y salmonera, lo que ha estado acompañado de un silencio a nivel de prensa. Esto claramente ha sido resentido en la pesca artesanal y, con la venia de distintos gobierno y autoridades, se tiene el panorama que hoy lamentablemente vemos. Chile fue el primer país que oficialmente privatizó el mar el año 2010, y si lo vemos con claridad, la institucionalidad ha tenido una manga ancha con los empresarios industriales en cuanto al mar“. Así queda resumido también en un reportaje publicado el 2009 por Marin en la Revista Proceso (ver aquí).

Opinión que es compartida por la destacada periodista de investigación, Carola Fuentes, quien en una columna titulada “SalmonChile y Sernapesca: “El gato y la carnicería“, publicada esta semana por el diario electrónico El Mostrador,  ponía en evidencia la falta de fiscalización en el area. En la columna se planteaba que la autoridad sanitaria de Rusia “había detectado materias prohibidas y dañinas durante el control de laboratorio… en los productos importados desde Chile”.
En la misma columna, Fuentes explica que durante la preparación de un reportaje sobre la industria del Salmón desarrollada el año pasado, descubrió que existe una falta de independencia entre Sernapesca (instituciónencargada de fiscalizar) y Salmón Chile (que agrupa al gremio industrial salmonero), la que para su equipo de investigación, había quedado en evidencia cuando solicitaron a la institución gubernamental, a través de Transparencia, “la entrega de las actas de reuniones y de las comunicaciones que su director pudiera haber sostenido con el Gerente General de Salmón Chile en el último tiempo

La respuesta de Sernapesca aumentó aún más nuestras dudas, ya que nos enviaron un único documento relacionado con una reunión oficial que habían sostenido ambos representantes, pero se negaron a entregarnos los correos electrónicos aduciendo que “la solicitud de información fue puesta en conocimiento de la empresa consultada, oponiéndose ésta a la entrega  de los correos electrónicos”, argumento al que luego añadieron que “la divulgación de los correos electrónicos requeridos podría entorpecer el ejercicio en plenitud del privilegio deliberativo del Director Nacional a la hora de ejercer sus funciones”, informa la periodista.

De este modo aún quedan muchas interrogantes por dilucidar y ante lo cual la autoridad deberá responder hoy con la máxima claridad posible. Hoy los efectos de haber vertido miles de toneladas de biomasa en descomposición al mar están aún por revisarse, estudiarse e investigarse.

Sobre todo por lo conveniente -para la industria salmonera- respecto a la mortandad masiva de salmones, aunque suene extraño. Esto debido a la necesidad imperiosa de nivelar el precio del salmón -que se encontraba extremadamente bajo y que había originado duras perdidas para la industria chilena-, así, la critica y recomendación hecha por la jefa del negocio del salmón del banco DNB, Anne Hvistendahl, la institución financiera más grande de Noruega y el principal banco financista de la industria salmonera en el mundo, en su visita a Chile en octubre pasado, parece haber sido escuchada. De hecho, el pasado 7 de marzo, el diario La Tercera publicaba un articulo sobre “la segunda crisis” que estaba viviendo la industria salmonera chilena. En dicho articulo, una de las fuentes -al interior de la industria salmonera- señalaba que “la madre naturaleza parecía haber intervenido, para que murieran los peces y se produjera un ajuste positivo en los precios”. Con esto se planteaba que, tras esta crisis, se consolidaría la industria en base a la fusión de algunas empresas (o absorción) y a la nivelación del precio, que hasta hoy, desangraba a la industria salmonera chilena.

Piden investigar y sancionar el vertimiento de toneladas de salmones muertos al mar

En esta línea, se presentó una querella criminal en el Juzgado de Puerto Montt pidiendo investigar y ver responsabilidades en el vertido de salmones muertos al mar. “Esta querella es importante, dado que hay muchas explicaciones sin dar por parte del Gobierno. El Gobierno no se esta haciendo cargo de explicarle a la población más afectada, respecto de qué contenía esa masa de pescados muertos que se vertió (…) es de público conocimiento que los salmones mientras están con vida en sus jaulas, se le inyectan antibióticos y para los efectos de controlar la plaga del piojo de mar se les suministran venenos muy similares a los de los ratones”, señaló la abogada Orietta Llauca, representantes de distintas organizaciones sociales, comunidad indígenas  y sindicales, de la Región de Los Lagos.

A esto se sumó la acción de la municipalidad de Ancud, que exigió formalmente una investigación y a la presentación de una querella, en el mismo sentido, por parte de la Diputada UDI, Marisol Turres. Sin embargo esta última fue “echada” por vecinos de la localidad de Chamiza, Puerto Montt, quienes la criticaron por un supuesto “aprovechamiento político”.

Sin embargo, lo que está claro hoy es que hay una responsabilidad clara de la industria salmonera en haber generado las condiciones (eutrofización) en el ecosistema marino de la Región de Los Lagos, que ha derivado, junto a los otros factores (Fenómeno del Niño y Marea Roja) en una catástrofe sin precedentes.

Mientras tanto, la comunidad de Chiloé -que culpa a la industria salmonera de lo ocurrido- continúa movilizada y con barricadas cortando los accesos a la isla -cosa que se replica en otras zona de la región, como la Caleta Carelmapu- pidiendo explicaciones y las investigaciones respectivas y serias de lo ocurrido, además de ayuda real a la región, golpeada hoy por una de las peores catástrofes ambientales de las que se tenga registro.

N.R. CORRECCIÓN: Tras una publicación en El Llanquihue, -con fecha 15 de mayo-  de propiedad de El Mercurio S.A.P., que denunciaba que Héctor Kol no era Biólogo Marino y que ese tampoco era su nombre, este medio se contactó con él, quien reconoció que dicha información era cierta, es decir, que no era Biólogo Marino y que Héctor Kol no era su nombre. Sin embargo precisó, que él cursó Licenciatura en Ciencias en la Universidad de Chile y que no ha estudiado jamás en Odontología. Además defendió sus años de trabajo en el área y sus estudios y expertiz en la materia, cuestión que ha quedado demostrada en su trabajo en la propia industria salmonera y en la Fundación Pumalín, precisamente en la elaboración de estudios sobre los efectos de la industria salmonera. A eso agrega que la información publicada, fue extraída del expediente judicial de la fiscalía durante el proceso durante el 2009 por “acción terrorista” en su contra -ataque incendiario contra una empresa salmonera- del cual fue sobreseído definitivamente, razón por la cual, -según señala él mismo- decidió ocupar constantemente otro nombre a modo de seguridad, mismo que se hizo largamente conocido y decidió ocupar permanentemente.

Para precisión del reportaje y no afectar a las otras fuentes citadas, al mencionar a Héctor Kol (Hernán Espinoza Zapatel), se le modificó la denominación de “Biólogo Marino” por la de “Activista” con conocimiento y expertiz en la materia.

Equipo RVF.