Home » Analisis » La abstención electoral: La profunda crítica a la Democracia Representativa
abstencion-electoral

La abstención electoral: La profunda crítica a la Democracia Representativa

La abstención en estas Municipales 2016, alcanzó un histórico 65%, superando el 59% de las pasadas Municipales del 2012. Así, de un Universo electoral de 14,1 millones de personas habilitadas para votar, solo votaron 4 millones (aprox), evidenciando un rechazo generalizado a una institucionalidad política que está en claro desgaste.

A esta cifra se podría sumar los votos nulos 4% y blancos 3%, a pesar de que tantos nulos o blancos manifiestan -con mediana claridad- un rechazo más a la oferta electoral que al proceso institucional en sí.

Y es que a pesar de las interpretaciones, de las cuales veremos muchas de la manos de los expertos electorales de los mismos desgastados partidos políticos, reinará el análisis ponderado (y moderado), en donde “se ganará en un lado y se reconocerá derrotas en otras áreas” y se culpará, claramente, a la ciudadanía. Pero, a pesar de todo el acomodado análisis, hay una señal clara, la abstención genera una pregunta que quienes personifican y habitan la institucionalidad política temen conocer la respuesta: ¿Qué nos dice la abstención?

La abstención puede ser atribuida a un sin número de factores: Desgano, indiferencia, flojera, critica a la oferta electoral, critica anti sistemática, etc. Incluso hay cierto margen de error producto de desconocimiento del proceso y errores del mismo (caso cambio de domicilios del padrón electoral del Servel – Registro Civil) que son en verdad acotados. Ahora, cual sea la explicación, el factor común y central es: la falta de representatividad.

abstencion-electoral-municipales-2016

Un sistema electoral que no es representativo y que no motiva la participación, por la razón que sea, es un sistema que no puede validar la institucionalidad que dice validar: Legitimidad de la representación política. En simple: El país no es -y al parecer no puede ser- representado en el sistema electoral vigente.

Primero, cabe decir que el fenómeno de la abstención electoral no es propio de Chile, -esto a pesar de que el país del extremo sur ha batido el record en el listado de países y abstención electoral- pero los hechos demuestran que en el último tiempo la abstención se ha convertido en gran protagonista en gran parte del mundo. Así, el análisis de este fenómeno político y social ha estado presente en gran parte de los países con sistema democrático, en particular los que tienen Democracia Representativa.

Y es que el problema parece ser que la Democracia Representativa más que la simple oferta electoral, sistema político y social por excelencia en varios de estos países, comienza a agotarse y a desvelar que puede ser todo, menos representativa, y si algo ha quedado de manifiesto es que ha privilegiado a los grandes grupos económicos por sobre la ciudadanía y profundiza la distancia entre gobernantes y ciudadanía.

La Democracia Representativa en crisis

Contrario a lo que la mayoría cree o le han hecho creer, la soberanía en la Democracia Representativa no radica en los ciudadanos/as ni se ejerce directamente, sino que por el contrario, la soberanía radica en los representantes electos por esos ciudadanos/as que, con su voto, les ceden y delega su representación (poder político) con pocos y casi nulos mecanismos para que esa representatividad sea efectiva, claro, salvo el voto cada 4 años. De este modo en cada elección (cada 4 años en la mayoría del mundo) se renueva esa soberanía delegada en un otro/a (él o la representante político/a).

Así, la Democracia Representativa, que es uno de los sistema políticos más usados en el mundo -y que también se usa en Chile- no tiene mucho que ver con aquellos principios de la Democracia presentes en los textos -y manuales- desde el Siglo V en Atenas (antes de nuestra era), ni el espíritu presente en la propia Revolución Francesa, es decir: el de la Democracia Directa, en donde la soberanía radica siempre en el ciudadano/a (pueblo), eso por lo menos en la teoría.

La Democracia Representativa de hecho inhibe la participación activa y sistemática de los/as ciudadanos/as en política, limitando su acción al voto cada 4 años, des-empoderando y restringiendo poder en la toma de decisiones políticas que afectan a todos y todas a un grupo reducido con pocos y casi nulos mecanismos de control -salvo el voto- por parte del conjunto.

Así, un poder político (ejecutivo), legislativo y judicial, pueden generar, a modo de ejemplo, un paquete de leyes impopulares y favorable a un pequeño grupo, sin mayor control que castigar con el voto en la próxima elección.

Entonces, para que la Democracia Representativa se sostenga se recurre a la configuración de un sistema electoral (Ingeniería electoral) afirmada en los aparatos e instituciocionalidad que le otorguen legitimidad, pues sin este último sustento -la legitimidad- su crisis podría hacerla colapsar. De este modo, el sistema se sostiene en los partidos políticos que devienen en verdaderas maquinas electorales que aseguran ese control, logrando imponerse hegemónicamente, salvo excepciones que confirman la regla y le otorgan el maquillaje de que “hay más oferta electoral” que permite hacerlo en parte sostenible.

Por ello es extraño, aunque la verdad no tanto, que el hecho de que la abstención electoral aumente debiera hacer cuestionar -casi de perogrullo- el sistema político de representación y poner en duda si éste es realmente representativo y si debiera cambiarse, a lo menos, por ejemplo en una Democracia Directa. Ahora, difícilmente quienes ostentan la actual institucionalidad y condicionan las relaciones de poder, querrán profundizar en un análisis que podría signficarles la perdida de su propio poder.  Y es que claramente es más fácil, para la clase gobernante y sus redes (militantes, funcionarios y subsidiarios) apelar y culpar a una suerte de flojera, desgano e ignorancia de la ciudadanía, que asumir la verdad: NO REPRESENTAN.

Así, a lo más se asume -a regañadientes- una “crisis de representatividad” que tiene que ver más con cambiar rostros viejos por “rostros nuevos” y que ese “malestar ciudadano” se debe escuchar para mejorar el marketing electoral. Tan pronto como los Think Tank (Centros de Pensamiento) y partidos señalan leer ese “descontento” se comienzan a vociferar fórmulas de solución. Así, se comienza a señalar “la necesidad” de volver al voto obligatorio y con premura, se señaló que el problema central era la “oferta electoral”, es decir, en lógica de mercado (nada raro dentro del capitalismo), que había pocas opciones dónde elegir, como quien habla de un pasillo de supermercado con poca variedad de productos.

Ni siquiera la desdeñada y poco profunda “nueva ley de partidos y de fortalecimiento y transparencia de la democracia” promulgada en abril pasado, mejoró mucho la oferta electoral y mantuvo, en lo grueso, el poder en los partidos tradicionales en estas elecciones municipales, a pesar de que en estas Municipales se batió el record en oferta electoral.

Y si bien las Municipales plantean factores locales distintos a las parlamentarias y presidenciales, el principio de delegación de representatividad -con un porcentaje del 17% de legitimidad en votación del universo electoral en disputa-, es decir, que los alcaldes y alcaldesas electos/as tienen un 17% de legitimidad, deja en evidencia que la crisis de representatividad es profunda y que la abstención no puede explicarse desde la pataleta de la militancia que pierde un escaño culpando a quienes -la mayoría del país- no votaron, ni desde la mera respuesta maquillada de rostros nuevos en el mero marketing político, pues acá hay un cuestionamiento más profundo y que espera aflorar y ser canalizada abriendo una variedad de escenarios impredecibles y probables, he ahí un cuestionamiento que obliga a análisis y explicaciones más serias y novedosas.

RVF.