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La caída de Miguel Leal, combatiente Rodriguista en Villa Francia. La lucha de un pueblo contra la Dictadura

Rescatar la historia de la lucha y resistencia contra la Dictadura cívico-militar encabezada por Pinochet y su contexto tiene una importancia vital para comprender la decisión de miles de personas -y particularmente de muchos jóvenes- que tomaron la opción de ingresar a organizaciones revolucionarias, formarse y pelear decididamente en defensa de sus poblaciones y de la dignidad por una sociedad libre y más justa. En este marco rescatamos la historia del Paro del 4 y 5 de septiembre de 1986 y la historia de Miguel Leal, joven poblador militante del FPMR quien cayera en Villa Francia durante una acción a manos de agentes del Estado. La recopilación de entrevistas, prensa de la época y documentación ha podido reconstruir la memoria, misma que permite que nadie muera porque no está olvidado y que Roberto Ortíz Leal nos trae hasta el presente.

Editorial RVF.

Por Roberto Ortiz Leal

Este próximo 5 de septiembre se cumplen 31 años de la muerte de Miguel Leal Díaz, combatiente Rodriguista y poblador de Villa Francia. Es por esto que como sobrino y también como estudiante de Historia me resulta fundamental rescatar, no sólo para mi familia, sino también para la historia de Villa Francia los sucesos que marcaron y antecedieron a la muerte de mi tío.

Miguel fue parte de esa generación negada, que no alcanzó a participar del proceso revolucionario de Allende, pero que sintió en carne propia la represión de la dictadura. Fue parte de esos jóvenes que con una convicción clara se alzó por luchar a favor de la vida, postergando la propia; generación que muchas veces, con una niñez y juventud aplazada, tuvo que templarse en la calle, para tomar las banderas de la lucha en contra de la dictadura.
Así, Miguel y sus hermanos se criaron en medio de reuniones clandestinas; observando a su padre, Manuel, quien fue tipógrafo del diario El Siglo durante la Unidad Popular, órgano oficial del Partido Comunista. De este aprendieron a elaborar panfletos con mimeógrafos artesanales; además de una fuerte convicción de lucha y solidaridad.

En 1983, a los 14 años ingresa a la Jota. “Pero fue en 1984 que la familia sufre uno de los golpes más fuerte; Manuel Leal padre de Miguel cae herido en un enfrentamiento con carabineros; la casa es allanada y sus padres son detenidos y torturados. Fue este hecho lo que lo marcó definitivamente hasta el punto de abandonar los estudios, para dedicarse por completo “a la causa”; a los 16 años pasa a formar parte de las filas del Frente Patriótico Manuel Rodríguez”.

De esta manera se desarrolla la vida de Miguel, donde su certeza y espíritu Rodriguista lo llevaran a la entrega total. De este modo llega al año 1986 y específicamente la jornada de protesta del 4 y 5 de septiembre de aquel año, donde dicha convicción lo arrojará a entregar su vida, en defensa de sus compañeros y vecinos pobladores.

Villa Francia, del paro nacional a la acción político-popular. La historia del 4 y 5 de Septiembre de 1986

Ya en 1986 las jornadas de protestas eran algo cotidiano en el país y crecía la idea de que podría ser el año decisivo, pues parecían estar todas las condiciones dadas: por un lado, el descontento producto de la crisis económica, y por otro, la falta de oportunidades, los altos niveles de cesantía, la pobreza extrema y obviamente la represión de la dictadura. Todos estos elementos eran el detonante del descontento y se traducían en la desobediencia civil, desobediencia que era fácilmente visible en las poblaciones ubicadas en la periferia de Santiago. Uno de estos lugares era justamente el que con el tiempo conoceríamos como Villa Francia, una población que nació a finales de la década de los sesenta y en la que se amalgaman vecinos provenientes principalmente del sector de Los Nogales, la población Santiago, Barrancas y otros de similares características sociales y económicas. La Villa Francia va armándose así entre la diversidad de la toma de los departamentos y la autoconstrucción de sus casas, este elemento seguramente permite que llegue a convertirse en uno de los lugares más representativos en la lucha contra la dictadura. Es en ese lugar, donde la actividad política y social alcanza reales niveles de participación popular. Las protestas en este lugar “estallaron contra la dictadura fascista, concluyeron por tipificarse no como una protesta nacional, sino como una protesta popular”.1
Como mencionamos antes, 1986 parecía ser el año decisivo, “se afirmaba que existía una “situación revolucionaria” dada por una crisis en todo terreno, el estado de ánimo de las masas se ha desarrollado a niveles superiores”2. Este estado de ánimo se veía reflejado en la calle, donde los niveles de participación y compromiso por parte de la gente durante la manifestación eran altísimos.

El paro del 4 y 5 de septiembre de ese año adquiriría carácter nacional y así era promovido por todos los actores políticos que querían ver fuera del gobierno a Pinochet.

El paro del 4 de septiembre, al igual que el del 2 y 3 de julio último, convocado por la AC, ya tiene la adhesión sumatoria del Comando Nacional de Trabajadores, organizaciones sociales y todos los conglomerados políticos de la oposición”. Estos grupos enarbolaban también las banderas de la unidad, manifestando “que todos juntos, al mismo tiempo en cada barrio, villorio, fábrica, población, recorramos el camino que nos lleve a la libertad”.

Durante esos días pareció “amanecer más temprano”, puesto que las actividades de la manifestación así lo requerían. “A las 5 de la mañana salía la gente a cortar los caminos, a hacer barricadas, a poner miguelitos, cosa que las micros quedasen en pana y la gente no llegara a trabajar o llegara uno, dos o tres horas más tarde.” Había grupos específicos para cada tarea, explícita o tácitamente así se entendía, los jóvenes miembros de los partidos políticos de izquierda, conocidos por su mirada crítica del estado de la sociedad realizaban actividades más radicales y junto con los pobladores más aguerridos y valientes, se enfrentaban con las fuerzas represivas que llegaban a la población. Así, principalmente comunistas y miristas, desde temprano iniciaban el camino de la lucha, instalando miguelitos, cavando zanjas por las calles de la población para que los vehículos policiales no pudieran circular el interior de esta y atacando con piedras y armas de fuego a las fuerzas represivas, iban mostrando una alternativa a lo establecido.

Durante el transcurso del día, la población era declarada como “zona liberada”, lo que significaba que a este lugar no entraban las fuerzas de la dictadura -ni carabineros, ni militares, tampoco miembros de la CNI-. Se llegó a decir que en Santiago, durante este tipo de jornadas de movilización, sólo Villa Francia y La Victoria se convertían en zonas libres de intervención represiva por algunas horas. Esto se lograba a partir de la participación y osadía de los pobladores y militantes de dichas poblaciones. Durante ese espacio de tiempo, la población se instalaba en la calle, diversos grupos sociales iniciaban una serie de actividades para apoderarse de sus espacios públicos. El taller de mujeres, el Taller de pintura popular, la Comunidad cristiana, los partidos políticos, entre otras organizaciones promovían la participación, la gente adquiría así conciencia y tomaba el poder de su territorio.

Había actividades culturales en la misma calle, nos tomábamos la calle y ahí participaba mucho la gente de la población, gente común y corriente participaba. Niños participaban, se hacían actividades de pintura, actividades de canto, de juego”.

Se realizaban actividades con un alto sentido colectivo y participativo, las porotadas eran una de ellas, también habían espacios abiertos a sus habitantes, particularmente la Comunidad cristiana abría sus puertas a los vecinos y el Padre Roberto Bolton la definía así: “una característica esencial de esta comunidad, como la de cualquier otra, era la de permanecer abierta y solidaria con las necesidades justas del entorno”.

Cinco de abril, la calle de principal acceso a la población era cerrada y se mantenía como un patio de actividades y juegos, esta era una de las características de las antes mencionada “Zona Liberada”, donde se discutía, reía y conversaba sobre la vida y la coyuntura política. Los jóvenes que pertenecían a estas organizaciones, principalmente la JOTA o el MIR enseñaban a los niños y jóvenes el uso de la honda y la boleadora. La protesta nacional era utilizada como una herramienta de participación y convivencia por los habitantes de la Villa. Todo el día había gente realizando alguna actividad en la calle, se apoderaban de esta.

Desde la calle se combatió, desde la calle se organizó, se articularon organizaciones, se combatió la clandestinidad, la gente se reunía en la calle era uno de los espacios más importantes de la Villa Francia es el espacio público”.
Al momento de llegar la tarde, cuando las barricadas se volvían a encender y los muchachos se disponían a iniciar nuevamente la lucha en contra de carabineros o incluso los militares, las mujeres del taller Lonquén organizaban la once comunitaria dispuesta especialmente para los jóvenes que comenzaban el día a las cinco o seis de la mañana en las actividades de desestabilización, desobediencia y enfrentamientos.
El taller de mujeres organizando el tema del pan amasado, de la leche que se servía, que se traía. ¡Eso era al calor de la barricada!, que se traía a la calle, les dábamos en la calle. De esa manera apoyábamos a los jóvenes. Que generalmente salían de la mañana de sus casas y no comían hasta que volvían en las noches”.

Durante la tarde del 4 de septiembre empezaron a sonar las sirenas de los vehículos policiales, empezó a correr el rumor de que carabineros venía acompañado de fuerzas militares. Toda la actividad recreativa que la población vivió durante las horas de la tarde pareció extinguirse de un momento a otro, el paso de las mujeres con los bidones de leche y las bandejas de pan amasado fue la última expresión de esa forma de manifestación que se caracterizaba por la participación del poblador en masa: hombres, mujeres y niños.
Ahora, con la llegada de la noche se ponía de manifiesto una “movilización protagonizada por la militancia de base”…que entre sus tareas propias estaban “sembrar “miguelitos” por las calles, asaltar o incendiar buses y garitas; disparar ráfagas contra comisarias, retenes y cuarteles; hacer rayados murales; distribuir panfletos; colocar explosivos en torres de alta tensión, bancos, financieras; consumar operativos de “propaganda armada”, etc.”.

Los miembros de la Jota se disponían a salir a enfrentar a los militares que habían llegado y copaban Cinco de abril, un camión militar circulaba lentamente entre las calles Quemchi y Yelcho, en este lugar fue cuando dos integrantes de la Jota se dispusieron a realizar una acción temeraria. Pretendían instalar una carga explosiva en el muro que está al frente de los departamentos de Cinco de abril, la carga debía explotar justo cuando los militares circularan por el frente del muro. Roberto y Miguel, los dos jóvenes que tenían como responsabilidad realizar dicha acción corrieron rápidamente atravesando la avenida. Cuando el camión militar estuvo a unos 70 metros de distancia, Roberto prendió la mecha del cono explosivo, al ver que la explosión tardaría más de la cuenta, Miguel trató de apresurarla con una granada que dejó al lado de aquella carga. En ese momento ambos muchachos debieron correr, retornando hacia la protección que entregaban los blocks de departamentos, pero al momento en que se disponían a llegar a estos, y cuando a los militares les faltaba cerca de 30 metros para estar al frente del artefacto, este explotó, la onda expansiva que generó levantó por los aires a los dos jóvenes, quebrando también la mayoría de los vidrios de los departamentos que se encontraban a mas de dos cuadras de la explosión. En cuanto al camión militar, este no sufrió mayores daños ya que el ángulo en que se encontraba lo salvó. Pero de seguro, si el vehículo se hubiese encontrado de frente a la explosión se habría volcado y los militares en su interior se habrían herido seriamente.

Junto a esta acción, una decena de muchachos corría por la población enfrentando a carabineros y a los militares, que disparaban sin discreción hacia los jóvenes y a los pocos pobladores que se atrevían a presenciar o a tirar una piedra en tales condiciones.
La noche albergaba la lucha en su máxima expresión “cuando entraban los pacos y entraba la represión, se hacía un poco de contención de la forma que se podía hacer en ese entonces, obstaculizando la vías de entrada y acceso, con barricadas y escombros, con neumáticos encendidos”10. En ese momento carabineros respondía con disparos y lacrimógenas. Asediaban a la población inundándola con humos tóxicos, causando que los jóvenes combatientes se replegaran hacia el interior de la Villa.

El primer día de protesta nacional estaba terminando, pero por un lado dejaba una muestra de organización y participación popular única, mientras que por otro los hechos de violencia: los combates, la represión, los heridos.
“Cuatro muertos, uno en Valparaíso –en un enfrentamiento con una patrulla naval- y tres en Santiago , once personas heridas a bala, dos civiles heridos por atentados explosivos y cuatro efectivos de carabineros lesionados en ataques a las fuerzas policiales, es el resultado provisional de los días de desórdenes callejeros a que llamaron elementos extremistas”.

El segundo día de movilización nacional partió prácticamente de la misma forma que el día anterior, “todos los que estaban en la coordinadora de organizaciones de la villa en ese momento. Integrados por partidos políticos, organizaciones sociales y culturales que funcionaban en el sector” se aprestaban para iniciar la protesta, nuevamente:

Miles de personas se reúnen en la Avenida Cinco de Abril, llevan tarros vacíos, tapas de ollas, cualquier utensilio que sirva para hacer ruido y expresar a través de éste su descontento. Muchas otras están paradas en las puertas de sus casas. Se vive este fenómeno con gran algarabía, participan personas de todas las edades. Esta expresión popular se trasforma en una fiesta de la expresividad”.

Los pobladores se muestran indignados por las constantes acciones de violencia en su contra por parte de los organismos de represión, de este modo más gente se suma a la segunda jornada de movilización. “Todos los llamamientos y adhesiones al paro nacional del 4 de septiembre –jornada nacional por la democracia- coinciden que este debe ser en repudio a los nuevos crímenes en contra de la población”.
El 5 de septiembre sucederán acontecimientos que pasarán a la historia de la población. Dicho día se caracterizará por una excesiva presencia policial debido al allanamiento de un domicilio del sector. Prácticamente al mismo tiempo que se desarrollaba una recuperación de alimentos en una panadería de la población. Ambos hechos marcarán la segunda jornada de movilización en Villa Francia.

Ese día también se cumplían 54 años de la fundación de las Juventudes Comunistas de Chile. Debido a esto, en horas de la tarde cuando el sol ya caía, se organizó en las intersecciones de 5 de abril con Quemchi un mitin. La reunión fue organizada por las Milicias Rodriguistas, organización militar de masas de la Jota, que se creó a partir del gran interés de los jóvenes de la población por ingresar a dicho grupo político, estas milicias fueron organizadas como un paso previo a las Juventudes Comunistas, donde se evaluaba el accionar, el valor y compromiso de aquellos jóvenes.
Cuando la gente comenzó a rodear a los milicianos para escuchar las palabras, llegaron al lugar los miembros de las Juventudes Comunistas, los cuales se encontraban encapuchados, a su llegada estos empezaron a gritar ¡J-J-C-C! Luego hablaron de la historia de la Jota, del partido y de la lucha en contra de Pinochet, además dijeron unas palabras de saludo al pueblo que se encontraba alzado.

Bueno se agrupó muchísima gente, en esos tiempos cuando los jóvenes salían a protestar la gente los seguía, los vecinos, todos. Entonces vienen y alguien dijo, basta de palabras, cuando estaban hablando los jóvenes comunistas, el pueblo tiene hambre. ¡Vamos a la panadería! Que era lo más cercano que había”.

La acción en la panadería se enmarca también en la coyuntura social, el pueblo estaba hambriento, la gente no tenía que comer, ya que la mayoría de los padres y madres de familia se encontraban cesantes.
El objetivo que se plantea primero que nada, antes de ir a abrir la panadería, es en un contexto netamente de necesidad, en un tiempo donde la gente no tenía, había mucha gente que pasaba hambre, no tenían que comer, había mucha gente desempleada”.
El local estaba distante a cuadra y media del lugar donde se organizó el mitin. Cuando la masa de gente iba caminando por la Villa, más pobladores se iban sumando al escuchar el porqué de la marcha. Al frente de esta gente iban los jóvenes comunistas, encapuchados, armados y atentos ante cualquier movimiento extraño o aparición de las fuerzas represivas al interior de la población.
Con diferencia de unos minutos y a 4 cuadras de distancia, ocurría un hecho que iba a marcar el destino de los militantes comunistas participantes en la recuperación de alimentos de la panadería.

En la calle Yelcho, paralela a Luis Infante Cerda –lugar de la panadería- se desarrollaba un allanamiento, donde se encontraron gran cantidad de armas. La “casa de seguridad” allanada era el domicilio de dos hermanos miembros de las Milicias Rodriguistas. La prensa oficialista de la época no escatimó en calificativos y también en errores a la hora de publicar la noticia, por ejemplo, La Tercera decía: “personal de seguridad y de Carabineros halló anoche un arsenal subversivo en población Alessandri…encontrándose dos fusiles M-16 con sus respectivos cargadores; 9 granadas de circunstancia; 10 metros de mecha para explosivo; un kilo de polvo de aluminio; 100 gramos de salitre; tres morteros de madera; un litro de combustible no especificado y municiones calibre 7.62, para fusiles FAL; 5.56 para fusiles M-16, todas de 9 milímetros”17; en tanto que El Mercurio expuso:“dos fusiles automáticos M-16, municiones, granadas, elementos químicos para la preparación de explosivos y literatura subversiva fueron encontrados la noche del viernes, en el antejardín de la vivienda ubicada en calle Yelcho 5982, en la comuna de San Miguel”.
El allanamiento suscitó la presencia de muchos efectivos de carabineros, más de lo que se acostumbraba. Hacia la población se dirigieron miembros de la CNI, innumerables efectivos policiales, junto al apoyo logístico de micros, furgones, jeeps, tanquetas y un helicóptero. Esta gran cantidad de personal policial que se encontraba apoyando la realización de esta operación en la calle Yelcho, fue destinada para la vigilancia de los alrededores, no querían llevarse sorpresas, pretendían que no les hicieran una emboscada como la que le ocurrió al camión militar el día anterior.
Mientras ocurría todo este alboroto en la parte oriental de la Villa Francia, hacia el costado opuesto de esta, la marcha de pobladores estaba llegando a la panadería. Los miembros de las Juventudes Comunistas se disponían a abrirla ante la presión y la impaciencia de la gente.
Roberto era uno de los miembros de las Juventudes Comunistas que iba acompañando a las personas en la marcha y al llegar al lugar sintió la conmoción de la gente y la turbación de esta al momento de iniciar la operación:
Lo que sucedió en la panadería es que a veces las emociones son mucho más fuertes que el saber o el querer hacer algo con mayor planificación, de hecho nosotros teníamos el control de la situación, pero en un momento se vio desbordado por la cantidad de gente que asistió, una vez que se abrió la panadería se tuvo poco control de la gente, ya que entró en cantidades incontrolables”.
Cuando se abrió la panadería mediante el uso de una bomba y de unos cuantos disparos, los miembros de la Jota intentaron establecer el orden, pero la magnitud de la masa popular se hizo incontrolable. La gente entraba en grandes cantidades al recinto y sacaba todo tipo de mercadería. Otros jóvenes comunistas que se encontraban al interior de la multitud, pero a cara descubierta –como el hermano de Miguel- tampoco lograron controlar la situación.
Una testigo, “observó a los integrantes del grupo armado, señaló que no eran más de 5 y que en su mayoría portaban ametralladoras e iban a rostro cubierto. “Parece que tenían preparado a un grupo de delincuentes para que luego que estallara la bomba, que sonó muy fuerte, llegaran a saquear el lugar”.

panaderia - Miguel LealPasados un par de minutos desde la apertura de la panadería, se comenzaron a escuchar sirenas de vehículos policiales, las que provenían de diversos sitios de la población. Esto alertó a los miembros de la Jota que estaban cuidando las espaldas de los pobladores. Estos comenzaron a organizarse para permitir el escape de la gente, así se dispusieron en puntos estratégicos para evitar un posible ataque por parte de las fuerzas represoras. Donde Miguel persuadiría a los pobladores a salir de la panadería ante la inminente llegada de carabineros.
Cuando llegó la fuerza represiva, la gente estaba adentro de la panadería y de una u otra forma por tratar de proteger a la gente, no se pudo retirar del sector y el grupo de protección que estaba parapetado ahí se tuvo que enfrentar a los pacos, para que la gente pudiese salir ilesa. Bueno ahí se produjo una balacera, un enfrentamiento muy fuerte”.

Carabineros llegó en un primer momento por Cinco de abril y lo hizo disparando hacia el grupo que se encontraba a cerca de 150 metros hacia el interior de la calle, esto causó un enfrentamiento, donde los militantes comenzaron a abrir fuego en contra de los uniformados. Ante la notoria diferencia y desventaja en la que se encontraban los jóvenes combatientes se dispusieron a retroceder para evitar el ataque al que estaban expuestos.
Luego de haber aplacado la primera resistencia, las fuerzas represivas comenzaron a avanzar por la calle Luis Infante Cerda. En ese momento los pobladores huían desesperadamente por las calles aledañas al negocio e incluso por los techos de las casas vecinas. Miguel, que se encontraba en su interior, no alcanzó a escapar esperando la salida de las últimas personas. De esta manera Miguel, que pertenecía a las filas del FPMR, cogió su revólver e inició una balacera que terminó con las fuerzas represivas irrumpiendo en la panadería y con su posterior muerte. La prensa publicó: “un sujeto identificado como Miguel Ángel Leal Díaz, de 25 años, murió durante un enfrentamiento con efectivos de Carabineros cuando se encontraba parapetado en el interior de la panadería Villa Francia, ubicada en Luis Infante Cerda N 5145, en el sector de Las Rejas Sur”. La edad de Miguel no es correcta, ya que al momento del enfrentamiento contaba con sólo 18 años de edad.

Otros miembros del grupo eran Roberto y Ángela, que como habíamos dicho se encontraban cuidando la salida de los pobladores. Al ver como avanzaban los carabineros hacia el sector de la panadería ambos tuvieron que correr en dirección opuesta, o sea hacia el interior de la población, pero justo en ese momento fueron sorprendidos por otro contingente policial el cual se aproximaba desde la calle Los Valles. En ese instante se encontraron bajo fuego cruzado por lo que tuvieron que parapetarse en un poste. Así Ángela disparaba con su revólver marca Pasper, mientras Roberto atacaba a los uniformados con una Subametralladora MP-40. Paradójicamente esta arma era de uso estándar entre los oficiales nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

En medio de la balacera unos proyectiles alcanzan las piernas de Roberto, lo que lo deja tirado en la calle. Al momento en que Ángela agota su último tiro los carabineros se dejan caer sobre ellos, los golpean y toman detenidos.
Ahí yo ya no me acuerdo de nada, estaba reducido completamente, todo el mundo me golpeaba, fue una situación bastante compleja”.
Obviamente este fue un golpe durísimo para la organización anti-dictatorial: “quedamos totalmente en deuda, a pérdida, ya que del grupo que había salido había un compañero muerto, dos detenidos y uno herido, para nada fue favorable”.

Así terminaba el paro nacional del 4 y 5 de septiembre de 1986, con un hecho que marcará a la población. Había muerto Miguel Leal, pero bajo su imagen nacía un nuevo referente, un nuevo mártir para las siguientes generaciones de luchadores sociales.