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“No es lo mismo ser loca que loco”: La violencia de género en la salud mental en Chile

No es lo mismo ser loco que loca” es una instancia que surge desde el colectivo Autogestión Libremente, un grupo de usuarias/os y ex usuarias/os del sistema de salud mental privado y estatal; de autodenominadas/os locas y locos oficiales y extraoficiales, que desde los principios de la autogestión, cuidado y apoyo mutuo, se organizan a fin de promover “una salud mental que no vulnere los derechos de las personas“; a través de diversas actividades y campañas de promoción de derechos, y de denuncia contra la violencia que ejercen los servicios en esta materia desde el paradigma bio-médico.

Entre aquellas actividades se cuentan diversas manifestaciones contra el electroshock, la campaña “Por una niñez libre de drogas psiquiátricas”, la realización de marchas del “Orgullo Loco”, y la organización del “Festival de las Artes, DDHH y Salud Mental”, a las cuales ahora se sumaría la campaña “No es lo mismo ser loca que loco”.

Fue en esa última campaña donde nacería, a partir del diagnóstico que pudimos ir generando en nuestras reuniones y conversaciones, donde se hizo patente las diferencias entre las vivencias que han tenido hombres y mujeres que han padecido la psiquiatrización tanto de sus subjetividades, como de sus problemas sociales y económicos. Y fue así como un grupo de compañeras y compañeros se puso la tarea de ahondar en estas diferencias“, señalan desde el Colectivo.

Fue allí que aparecieron los relatos y se dieron cuenta de los pocos datos y trabajo que había en este campo en Chile. “Sabiendo que desde el análisis que nos pudieran entregar los datos ofrecidos desde las instituciones oficiales; poco y nada podríamos entender de la incomodidad e injusticia que sienten nuestras compañeras cuando se intenta equiparar su experiencia con la de los hombres; invisibilizando el componente género y lo que significa ser mujer y loca en esta sociedad patriarcal“, afirman.

También sabían -señalan- que se encontrarían con resistencias y detractores, y no sólo por parte de la psiquiatría tradicional y sus prácticas; si no también con la oposición de aquellos que se sienten amenazados cada vez que a las mujeres se les ocurre hablar como mujeres, desde su “siendo mujeres”. “Su interpelación ahora, nos llega bajo el ropaje de la rigurosidad estadística, exigiendo los datos empíricos que fundamenten de manera estricta la distinción que hicimos en nuestra consigna: No es lo mismo ser loca que loco“.

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Es en este contexto que desde el Colectivo responde y aclaran de la siguiente manera su posición, y es para ellos que van los siguientes puntos:

Q

uizás para muchos no sea una novedad, pero en nuestro país, entre las personas que reciben atención de salud mental la población es mayoritariamente femenina.

En los últimos 5 años, los ingresos de salud mental para las mujeres entre los 15 y los 44 años representan el doble que los hombres, y entre los 45 y los 80 años, la diferencia se acentúa al triple. Así lo señalan las estadísticas de género y salud mental del Ministerio de Salud.

Esta realidad muestra que son muchas más mujeres que hombres en nuestro país, las que asisten a los servicios de salud mental, y que son etiquetadas con diagnósticos psiquiátricos y consumen uno o varias clases de psicofármacos.

Siendo mayoritariamente mujeres las usuarias de servicios de salud mental, presentan mayores índices de hospitalización por motivos psiquiátricos y se encuentran más vulnerables a ser sometidas a procedimientos invasivos como el electroshock o terapia electroconvulsiva (en particular si están embarazadas, como terapia alternativa al uso de psicofármacos). A pesar de que no son fáciles de conseguir datos oficiales que puedan dar cuenta de esta diferencia en la medida que por diversos motivos no siempre se registra la identidad de género de la persona en la aplicación de estos procedimientos.
A pesar de esas limitaciones, es posible identificar prácticas institucionales que atentan contra la igualdad de derechos, la libertad y la autonomía de las mujeres en el campo de la salud mental. Una de las más abusivas, y quizás más invisibilizada, es la esterilización involuntaria de mujeres etiquetadas con diagnósticos psiquiátricos.

Esta práctica se encuentra regulada por una entidad denominada “Comisión Nacional de Protección de las personas afectadas por enfermedades mentales” (CONAPPREM) en el marco de la Ley 20.584 “Regula los derechos y deberes que tienen las personas en relación con acciones vinculadas a su atención en salud”, cuya función es, entre otras, “revisar las indicaciones y aplicación de tratamientos que revisten la condición de invasivos e irreversibles” (art. 3, Decreto 23 del Ministerio de Salud, 2012), entre ellos la aprobación de la esterilización sin consentimiento de la persona afectada, solicitada por familiares, profesionales y comités de ética de establecimientos de salud.

Entre 2008 y 2016, la CONAPPREM recibió 59 solicitudes de esterilización de los servicios de salud pública, además de 3 de la Clínica Las Condes, 62 en total. De estas solicitudes, 22 fueron desestimadas y en 37 casos se aprobó la esterilización, según cifras de la Subsecretaría de Salud Pública. Todas estas personas fueron mujeres.

El Ministerio de Salud reconoce que no existe registro oficial de las intervenciones. Por lo tanto, sólo se conocen el número de solicitudes y aprobaciones, no existen datos oficiales sobre la cantidad de esterilizaciones que efectivamente se realizan.

Al respecto, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), de Naciones Unidas, ratificada por Chile y vinculante desde 2008, establece explícitamente que no deben realizarse esterilizaciones sin el consentimiento libre e informado de las personas etiquetadas con diagnósticos psiquiátricos, aún en aquellos casos declarados interdictos.
No es por ningún modo casual que sólo las mujeres sean sometidas a este tipo de procedimiento sin su consentimiento.

¿Por qué se niega el derecho a la maternidad a las mujeres etiquetadas con diagnósticos psiquiátricos? ¿Por qué las locas no pueden ser madres? Entre los principales motivos que expresan los familiares que han solicitado este procedimiento es prevenir el embarazo producto de una violación o bien, porque, eventualmente, la mujer no podría hacerse cargo del cuidado de un hijo/a. Al respecto, cabe preguntarse ¿La esterilización permite prevenir la presencia de abusos sexuales o bien, promueve una práctica común ejercida por hombres en los contextos de internación psiquiátrica?, ¿La esterilización permite problematizar la distribución las labores de cuidado o bien, naturaliza la presencia de estas tareas en la mujer, al asumir que no podría desempeñar esas labores?

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Con instancia se busca es dar voz a las compañeras que han tenido la experiencia de la psiquiatrización. Es a través de sus vivencias, cuestionamientos, conclusiones y convicciones, que queremos dar respuesta a lo qué significa ser loca en una sociedad patriarcal.
Los temas que abordamos son los siguientes:

  • Mujer y electroshock
  • Mujer y medicalización
  • Psiquiatría y disidencia sexual
  • Maternidad y diagnósticos psiquiátricos

Finalmente, una aclaración, nos posicionamos desde el feminismo, pues fue este quien nos entregó la claridad para comprender que tantos de nuestros malestares subjetivos y objetivos, tienen como trasfondo causas culturales y sociales completamente removibles y no, desequilibrios bioquímicos o “faltas de litio”. Luchamos por acabar con esas causas, a la vez que denunciamos a la Psiquiatría y sus prácticas, que buscan acallar nuestras diferencias, adaptarnos y adoctrinarnos a este sistema: dopando nuestros malestares y medicalizando nuestras legítimas indignaciones.

Como locas, seguiremos luchando por la igualdad, porque la defensa del derecho a la locura será feminista o no será.