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Paro y Marcha de Trabajadores del Transantiago: Entre el miedo y la opresión

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Un paro frustrado por la amenaza de despidos y represalias

 

Hoy, contra lo que se esperaba, fueron muchos los buses del Transantiago que se vieron circulando durante la mañana y también durante la tarde en la capital. Esta realidad, contrastaba con lo anunciado días antes por los sindicatos del Transantiago, que llamaban a parar el día de hoy en señal de respeto Marco Cuadra (quién se inmoló por mejoras laborales de sus compañeros) y para presionar que se cambie el Código Laboral que permanece desde la Dictadura.

Pero sin embargo esta falta de adhesión al paro tiene su explicación, y así lo manifestó uno de los dirigentes de los trabajadores de Transantiago, Rodolfo Cid, que señaló y denunció amenazas de despidos de parte de las empresas del Transantiago. Por ello, y ante el temor del despido, fueron muchos los choferes que prefirieron trabajar el día de hoy para no perder sus puestos de trabajo. Y tristemente, de un modo u otro, lo que prevaleció fue la doctrina del terror frente a la organización de los trabajadores.

No por ello, personeros de gobierno y de las empresas involucradas dejaron de sacar cuentas alegres cuando públicamente celebraban la baja adhesión a la paralización, baja adhesión sin embargo provocada por -como señalamos anteriormente- amedrentamientos y amenazas, y no por la real voluntad de no querer participar de la movilización. Así, y en la medida que muchos medios comerciales validaron dicha mirada positiva del empresariado y el gobierno, el terror y las amenazas terminaron siendo naturalizadas -o intentaron serlas- en la opinión pública.

Pocos repararon así en la presión que hubo en aquellos que debieron decidir entre seguir con sus trabajos o adherir a una causa justa, así como pocos repararon que es esa misma violencia ejercida por parte del empresariado fue la que instó a Marco Cuadra a inmolarse.

Una marcha que terminó en una agresión más

 

 
 

(Fotografías: Inés Encina y Carlos Villalobos)

 

Del mismo modo que fue frustrada la paralización, la marcha se vio mermada en la medida que los trabajadores del Transantiago no pudieron asistir en pleno, y en ese momento se encontraban realizando sus respectivos recorridos a costa de amenazas y posibles despidos. Por lo mismo, los principales protagonistas fueron los dirigentes convocantes a la paralización y los estudiantes, que devolviendo la mano y practicando el apoyo mutuo, participaron y apoyaron la marcha desde el principio hasta el fin. Tanto desde la ACES, la CONFECh y la MESUP hubo un irrestricto apoyo a los choferes del Transantiago, y así fue enunciado y explicitado al final de la marcha, en la ronda de discursos realizado en el escenario ubicado en la Alameda con Echaurren.

Sin embargo, y como suele acontecer en este tipo de marchas, sin provocación alguna, a minutos de comenzar los noticiarios de las 13:30 hrs, Carabineros comenzó a utilizar carros lanza gases y bombas lacrimógenas, además de piquetes para detener a alrededor de 7 manifestantes, entre los que se encontraba el dirigente sindical y vocero Manuel Aguilar.

La frágil situación del sindicalismo y sus dirigentes en este país

 

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Miguel Aguilar siendo detenido violentamente por Carabineros

 
La detención de Manuel Aguilar es el triste reflejo de las nuevas políticas tanto del empresariado como del estado chileno. Este gesto, desde lo político se suma a la detención que sufrió el presidente de la FEUSACH, Takuri Tapia, en la marcha del 10 de junio, y desde lo sindical se suma a las agresiones que sufrió los pasados días un dirigente del sindicato de Actionline, que fue agredido por un guardia privado de la empresa.

El tema se vuelve aún más crítico dado que Manuel Aguilar no solamente fue detenido, sino también agredido por Carabineros, lo que lo obligó a llevar al dirigente a la posta Nº 3 de Santiago, desde donde al cierre del presente artículo, acababa de salir en libertad. Esta agresión nos recuerda a lo anteriormente relatado de Actionline, pero también nos recuerda hasta qué punto se ha llegado a tratar a los dirigentes sindicales en este país, maltratos físicos y verbales que llegan hasta tal punto de la terrible determinación de Marco Cuadra al inmolarse.

Hoy, todos los hechos anteriormente relatados, nos hace pensar que no hay ningún tipo de respeto por la libertad ni por el fuero sindical, y que más bien vivimos en un régimen en donde los empresarios y el estado chileno pueden pasar impunemente por sobre los derechos de los trabajadores. Es por todo aquello que las últimas palabras de Marco Cuadra resuenan más que nunca: “¿Hasta cuándo, compañeros?”