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¿Por qué manifestantes quemaron el Congreso de Paraguay? Claves para entender el enojo del pueblo paraguayo:

Por Máximo Quitral

Durante el viernes 31 de marzo, Paraguay volvió a vivir una jornada política marcada por un estallido social que hizo recordar períodos de aplicación de la violencia política hacia los adversarios, como el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña en marzo de 1999 o la matanza de Curuguaty en 2012, hecho que significó el asesinato de 11 campesinos y 6 policías, junto a la destitución de Fernando Lugo de la presidencia de la nación.

Paraguay siempre convive con episodios de violencia política y social, que se agregan a los altos índices de pobreza y desigualdad igual de violentos. Por ejemplo, el 10% más rico del país gana 32 veces más que el 10% más pobre, fenómeno que se agudiza en el mundo rural, situación que ha puesto a Paraguay como uno de los países con la mayor inequidad en la región.

Pero eso no es todo, el país de la soja y la alta ganadería cuenta con una de las peores redes de agua y sanidad en la región, además de ser uno de los países de Sudamérica que menos inversión social aplica. En este sentido, el Estado gasta solo US$ 147 en servicios sociales anuales frente a los US$ 1.600 de Argentina y los US$ 1.400 invertidos por Brasil, dos potencias que obligan al país a tomar seriamente las problemáticas sociales.

Aún cuando Paraguay ha tenido una tasa de crecimiento que en promedio ha bordeado sobre el 5% en los últimos 10 años, estas cifras no han podido solucionar los inconvenientes internos que debilitan su democracia y refuerzan sus desigualdades. Dicho de otro modo, el crecimiento económico ha favorecido a los grupos más acomodados del país, producto de las bajas cargas impositivas que les aplica el Estado paraguayo, quedando gran margen de estos recursos en manos de estos grupos capitalistas, gracias a los períodos de bonanza económica. Como el Estado deja de percibir ingresos ante la baja tributación de los empresarios, los sectores populares ven mermadas las opciones de terminar con las inequidades que les afectan, impidiendo que la educación, la salud o la vivienda sean derechos fundamentales para ellos. Es decir, áreas prioritarias para los pobres se han visto restringidas por la indolencia de una oligarquía política, que se ha desatendido permanentemente de los grupos más vulnerables del país y que se ha preocupado más de generar políticas para los empresarios que para los olvidados de siempre.

Manifestantes se toman el Congreso de Paragay

Por tanto, los hechos de violencia son un fantasma que cada cierto tiempo azotan al país y este año no fue la excepción. Gran parte del comportamiento político paraguayo se explica porque el país aún mantiene resabios autoritarios y antidemocráticos de la dictadura de Stroessner en la arquitectura política, económica, cultural y nacional de Paraguay y que ha sido imposible remover del todo. Si a eso le agregamos que estos factores fueron y son apoyados por partidos políticos que adoptaron esas formas de relación política (Partido Colorado y el Liberal) el escenario de cambio es más bien desalentador. Además su actual Presidente, Horacio Cartes (un empresario conservador) ha hecho poco y nada por alterar esta condición, al punto de producir la situación inversa expresadas en frases como “Paraguay es como una mujer bonita, que cada mañana se pone su mejor vestido y se pone maquillaje. Paraguay es fácil. Paraguay es como esa mujer bonita” o como cuando invitó a los empresarios brasileños a invertir en su país. En ese momento les dijo: “Siéntanse como en su casa. Usen y abusen del Paraguay, porque es un momento importante de oportunidades”.

Este Presidente es el mismo que hoy está en tela de juicio, tras impulsar una reforma a la actual Constitución que busca permitir la reelección y extender su mandato hasta el 2018. La actual Carta Magna en su artículo 229 aprobada en 1992 tras el retorno de la democracia, señala que los cargos de Presidente y vicepresidente son improrrogables y ambos no podrán ser reelectos en ningún caso, situación que ha posibilitado que el oficialismo liderado por Cartes y la oposición liderada por Lugo hayan buscado una -hasta hace poco improbable- alianza.

Es decir, Lugo se alió con los mismos que lo derrocaron para explorar opciones de ser candidato a la presidencia, enmienda que dio pie a manifestaciones y a la quema del Congreso, con el posterior asesinato del líder de la juventud del Partido Liberal, Rodrigo Quintana de 25 años.

Registro del asesinato de Rodrigo Quintana a manos de la policía:

Este cambio constitucional es antidemocrático, ya que no fue consultado al pueblo paraguayo y su aprobación posee vicios legales, elementos que alentaron la movilización de los paraguayos para frenar este cambio constitucional. Nuevamente los caudillismos y las formas dictatoriales emergen en Paraguay, negándose a fortalecer la democracia y a superar su historia, una historia que continúa apegada al stronismo dictatorial y a enclaves autoritarios que están, hasta ahora, lejos de desaparecer.

Es por ello que desde la semana pasada el pueblo paraguayo, tanto la oposición política como personas sin militancias, han mantenido activas las movilizaciones y las protestas en contra del acuerdo cupular y la crisis social, la que ha incluido la persecución a dirigentes sociales y campesinos en el último tiempo. Una situación que sin embargo no ha generado la expectación y el realce mediático -por ejemplo- de Venezuela, pero que evidentemente genera preocupación y tensión en el cono-sur.

Ahora, el presidente Cartes ha llamado a una “mesa de diálogo”, la que ha sido rechazada por la oposición política que ha puesto como requisito para sentarse el retiro de la enmienda aprobada fraudulentamente, a lo que se ha negado -hasta ahora- el oficialismo y el sector de Lugo. Mientras, las protestas continúan.

Máximo Quitral, historiador y politólogo. Analista Internacional