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San Antonio - Campamento de Fruticola Atacama- Fotografía de tierramarillano.cl

Trabajadoras desmienten a la empresa Frutícola Atacama – Las Temporeras de la Capilla sin dios

La reja estaba cerrada con candado”. Así, y sin titubeos, una de las trabajadoras de la Fruticola Atacama, de propiedad de los hermanos Gabriel y Sergio Ruiz-Tagle, explica en parte la desgracia que vivieron en la madrugada del día miercoles en la localidad de San Antonio, comuna de Tierra amarilla, que se ubica hacia la precordillera de Copiapó. De paso, desmiente la versión dada por Horacio Parra a TVN. Este último, gerente de la empresa, señaló -a modo de replica tras el reportaje de la periodista Carola Segura– que si bien había una reja, esta no estaba con candado y que además existía una puerta de emergencia que era “llegar y golpear” descartando que las trabajadoras hayan estado encerradas en containers o tras las rejas con candados. Versión que ha seguido siendo desmentida por diversos trabajadores y trabajadoras que se encontraban en el lugar.

Revisa nota previa: Empresa “Frutícola Atacama” mantenía encerradas con candado a Temporeras que fueron alcanzadas por aluvión

Los testimonios de la mayoría de los trabajadores y trabajadoras han sido consistentes y se suman al relato de los lugareños de San Antonio. “Estaba cerrado con candado la reja que separa a hombres y mujeres por lo que no pudieron salir fácilmente cuando llegó el aluvión que arrastró los containers, algunas se subieron a la pandereta y otras lograron saltar la reja, el resto fue arrastrado por el alud que bajó de la quebrada”.

De hecho uno de los lugareños cuenta como una mujer estuvo durante horas sobre una pandereta sin querer bajar, shockeada por lo que había ocurrido.

A esto se sumó la versión de una de las temporeras, Sachira Rivera, la noche del sábado en Radio Cooperativa. Allí Sachira sostuvo que sí estaba cerrada la reja, agregando un dato llamativo: “Tenían un cercado grande donde estaban los campamentos divididos con otra reja más, que la mantenían con llave después de las 11 de la noche. Mis compañeras no podían ni entrar ni salir después de ese horario y las dejaban con pestillo. Incluso antes del (madrugada de miércoles) 25, mis compañeras embaladoras hablaron con las personas encargadas, el jefe de packing, y le dijeron que no las podían tener encerradas por cualquier emergencia. Reclamaron, pero no les hicieron caso“.

Inmediatamente después del testimonio de Rivera, hizo sus descargos, en la misma radio, Raúl Robles administrador del campamento, quien insistió en que no había candado en la reja y que además había una puerta de emergencia que era “llegar y golpear”. Además señaló que la empresa se había hecho cargo de los y las trabajadoras llegando con un helicóptero al lugar.

Sin embargo nuevamente esto fue desmentido por varias personas, entre ellas una de las sobrevivientes que logró ser rescatada desde el interior de uno de los containers kilómetros más abajo del campamento. En su conmovedor relato, dado este domingo al medio Diario Antofagasta, esta señaló que efectivamente estaba el portón con llave.

temporera Fruticola Atacama sobreviviente

Temporera sobreviviente rescatada de un container de Frutícola Atacama.- Fotografía de Diario Atacama

Dos versiones completamente diferentes, la dada por la empresa que es “no estaban encerradas” y “había puerta de emergencia” y la entregada por los y las trabajadoras de la empresa, que siguen señalando que “la reja -portón divisorio- estaba con llave y que no había puerta de emergencia para escapar“, generándose la dicotomía entre creer la versión de los y las trabajadoras, o creer la versión de la empresa.

El largo historial de prácticas anti laborales de Frutícola Atacama

La empresa “Frutícola y exportaciones Atacama Ltda” contabiliza 212 juicios laborales hasta hoy, esto desde que inició la Reforma Procesal Laboral a mediados del 2008. Fue la propia región de Atacama la que inició -como piloto- la Reforma. 

El 2008 tuvo 13 juicios laborales.

El 2009 tuvo 22 juicios laborales.

El 2010 tuvo 17 juicios laborales.

El 2011 tuvo 26 juicios laborales.

El 2012 tuvo 30 juicios laborales.

El 2013 tuvo 69 juicios laborales.

El 2014 tuvo 27 juicios laborales.

Y hasta ahora, iniciando el 2015, lleva 8 juicios laborales.

De los 8 juicios en este 2015, 6 son por desafuero maternal. Lo que evidencia una política sistemática por parte de la empresa respecto a este tema como lo confirman trabajadoras de la empresa: “mujer embarazada, mujer despedida”. A esto se agrega constantes reclamos por no permitir ir al baño y beber agua, descuentos arbitrarios, condenas por accidentes de trabajo en laderas del cerro con medidas de seguridad no implementada. Un caso bullado también, que involucró a la empresa, fue el de discriminación ocurrido el 2013 en contra de dos trabajadoras lesbianas, las que fueron golpeadas al interior de la empresa y luego echadas del campamento “por su condición”, sin asistencia de los encargados de la empresa, debiendo caminar kilómetros hasta llegar a una comisaría en donde pudieron hacer la denuncia y constatar lesiones. Al día siguiente las trabajadoras fueron despedidas por haber hecho la denuncia. En este caso se hizo parte la organización Movilh, quien prestó asesoría a las trabajadoras. El resultado, si se puede decir favorable para las trabajadoras, fue el pago único de $350.000 pesos para cada trabajadora y el compromiso por parte de la empresa de “dar charlas y capacitación” al personas sobre la discriminación.

La mayoría de los casos han terminado en “avenimientos”, en donde la empresa paga la multa y se ahorra un juicio más largo. Multas de bajos montos.

Fue el año 2008 en donde un movimiento de temporeras estalló. Las malas condiciones laborales gatillaron una especie de “levantamiento” en varias faenas de diferentes empresas. Una de ellas, entre las conocidas como “grandes”, fue la de Frutícola Atacama. Durante ese movimiento se registraron también violentos hechos de represión los que fueron duramente criticados por el mundo sindical del país.

Un detonante fue la muerte de Cecilia Ortíz, (35 años) trabajadora de Frutícola Atacama, quien falleció en el Hospital regional producto de una neumonitis, la que podría haber sido agudizada por una intoxicación con gas al romperse una cañería en su trabajo.

Ortíz debió ir a trabajar a pesar de tener licencia médica, por lo que al volver a sus quehaceres en Frutícola Atacama sufrió una descompensación. Las trabajadoras y organizaciones sindicales y de mujeres en la zona responsabilizaron a la empresa y generó una movilización, la más grande que se había visto en el sector frutícola hasta ese entonces.

Alicia Muñoz era en ese entonces secretaria General de ANAMURI (Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indigena) y recuerda ese episodio y piensa que Cecilia perfectamente pudo salvarse. Hoy mira con preocupación y desazón lo ocurrido con las trabajadoras de Fruticola Atacama tras el aluvión. Hoy sigue trabajando en ANAMURI dedicada precisamente a esa área y avocada en sistematizar lo que ocurre allí, muchas veces invisibilizado y donde no hay mucha preocupación de las autoridades ni de la ciudadanía. En conversación con RVF, Muñoz señala que han pedido a la Ministra del Trabajo tome cartas en el asunto y también al Sernam. Además apunta con preocupación a la empresa: “Esta no es una empresa limpia en cuanto al trato con tabajadoras. Intoxicaciones masivas, malas condiciones laborales, bastante indignas. Pero la empresa prefiere pagar multas”. En esa línea de acción, dirigentas de trabajadoras temporeras de REDMURI (ligadas a ANAMURI) que son de Copiapó -que también fueron afectadas por los aluviones- han comenzado un trabajo para ayudar a sus pares e investigar lo sucedido. Desafortunadamente fueron impedidas por militares de pasar a la localidad de San Antonio, quedando en Los Loros. “Hasta el momento no ha habido nadie de la inspección del trabajo ahí y esperamos lo haya pronto como comprometió la ministra“, dice Muñoz.

La Capilla sin dios

Fueron dos alud. Uno cerca de la medianoche y otro cerca de las 3 y media de la mañana. En nada ayudó la distribuición del campamento a las faldas de una quebrada. “Todo bajó muy violentamente y con las rejas cerradas muchos quedaron encerrados entre la reja y la pandereta y fueron arrastrados con todo, containers, fierros, casetas, todo”. así lo relata Jorge, trabajador que estaba en el campamento.

El campamento “La capilla” es el lugar en donde los trabajadores y trabajadores de la Fruticola Atacama permanecen cuando no están en las faenas que se encuentran más al interior. La mayoría de los hombres trabajan en “terreno”, mientras las mujeres, en su mayoría, lo hacen en los “packing”. El lugar está distribuido en diferentes secciones. Están los containers acondicionados como habitaciones en donde hay dos camarotes. Allí están las mayoría de los hombres, sin embargo en algunos containers también habitan mujeres de los “terrenos”. En otro sector, separado por una reja, está el sector de las mujeres, la mayoría de las “packineras” o “embaladoras”. Son habitaciones de material ligero, compuesto de madera, plumavit y mallas. Allí tienen sus piezas, sus pocas pertenencias y permanecen gran parte de la jornada.

El campamento está alejado de las zonas de faenas, lo que complica la movilidad dentro del predio. Muchos trabajadores y trabajadoras señalan que eso complica en las horas de colación y desayuno, el que se ve restringido por el poco tiempo, mucha gente a veces ni siquiera alcanza a hacerlo debiendo dirigirse a la pronto a la faena para no obtener “multas” que diezman el sueldo a fin de mes.

Esto es como una cárcel, la mayoría de los que llegamos aquí sabemos eso, muchos llevan tiempo en este tipo de empresas, mucha gente llega siguiendo la temporada, la mayoría de las mujeres son jefas de hogar y aguantan muchas cosas para poder juntar plata en los meses que dura la faena. No se puede salir, algunas se escapan aveces para salir un rato, pero está todo muy retirado, por lo que los supervisores y gente de la empresa venden cosas, hasta trago y super caro, es lo que hay. Acá es una cárcel que se aguanta por necesidad, lo de los candados y estar encerrados con llave es común, claro ahora pasó está desgracia, pero acá estamos alejados de los ojos de dios”.- Es el relato de Joana, quien no quiso dar su apellido para poder seguir en las temporadas, aunque dice que probablemente en otra empresa.

Los campamentos no pueden ser cárceles

El abogado laboralista Cristián González en conversación con este medio, plantea que aquí hay un tema grave pues se mezclan varias cosas. “Cuando uno firma un contrato laboral este, generalmente, dice relación con las funciones o rol que desempeñará. En los mismos se plantea la jornada laboral, que es por lo que a uno le pagan, y estas son bien definidas. Para explicarlo mejor: Si uno trabaja -por contrato- ocho horas diarias, el resto de horas no le pertenecen a la empresa. En esas 16 horas no laborales, uno descansa, sale, juega, hace lo que quiere porque es parte de la vida privada. En este caso, y lo que parece ser habitual en este tipo de trabajos -faenas de temporada que tienen campamentos- la empresa rige la vida y como deben hacerla fuera de la jornada laboral, convirtiéndose en una cárcel y no en un trabajo. Decir: A las 11 se cierra con candado, o usted no puede pololear con tal o cual, en horas no laborales, no solo es una intromisión a la vida privada, si no que asemeja a las condiciones de las salitreras, en donde los dueños -de la empresa- eran dueños de la vida de las personas. Aquí se cerraba con llave, eso es algo muy grave. Es obligación de la empresa dar condiciones, como vivienda, comida, seguridad, etc, dependiendo de la labor que se cumpla, pero eso no da derecho a entrometerse o convertir en presos a los y las trabajadoras”.

El problema suscita en que muchas de las personas en este tipo de faenas no tiene un contrato formal. La precariedad del trabajo de “temporada” complica una fiscalización real y muchas de estas personas quedan en la completa indefensión. La mayoría de las manipuladoras o packing son contactadas o bien reclutadas por “contratistas”. Así se les llama a las personas, la mayoría trabajadores/as con más años en las faenas, que captan gente para llevar a trabajar y reciben una comisión por esto. Generalmente los acuerdos son de palabra y las condiciones generalmente cambian una vez estando en los campamentos. A esto se suma la captación de inmigrantes, la mayoría ilegales y que por su precaria condición en el país aceptan peores condiciones de trabajo que la gente de la región, esto bajo la amenaza de ser echados o bien denunciados. Habitualmente, según relatan trabajadores de la Frutícola, estos cuando hay inspección en las faenas, que no ocurre muy seguido, son enviados más al interior de las plantaciones o lugares donde no sean visibles. Por otra parte, la inspección provincial de Copiapó apenas tiene el personal suficiente para fiscalizar, a lo que se dificulta lo alejado que se encuentran las faenas. Un fundo a cubrir son kilómetros de extensión. Solo la Frutícola Atacama tiene en la zona 800 hectáreas, lo que hace casi imposible una real fiscalización. Además, para las autoridades locales y regionales, las frutícolas son muy importante en la generación de empleo y de entrada de recursos para las localidades, por lo que si bien se sabe de estas prácticas estas se obvian para que permanezcan.

Finiquitos y lavado de manos por parte de Frutícola Atacama

50 mil pesos, una colación y un pasaje. Así resolvió la empresa el destino de los trabajadores y trabajadoras de la Frutícola en San Antonio, localidad duramente golpeada por el aluvión. La mayoría ha sido notificado de su finiquito. La misma empresa ha dispuestos buses, unos con destino a Santiago, otro hacia la V región y otro a Coquimbo o La Serena entre otras ciudades. De hecho muchos trabajadores ya dejaron la región.

La empresa por su parte ha señalado que muchos de los documentos, que tendrían el registro de la cantidad exacta de trabajadores, se perdieron debido a la catástrofe, y a través de su cuenta de twitter -que abrió para dar su versión en redes sociales- explicó dicha situación: “muchos papeles se encuentran bajo el lodo. Sin embargo, hemos hechos todos los esfuerzos para llegar a ciertas conclusiones…“. Según la misma la cantidad de trabajadores y trabajadoras en San Antonio serían 369. De esas 4 estarían aún desaparecidas, 2 hombres y 2 mujeres. A esto se sumarían 3 trabajadores que, según la empresa, no pernoctaban en el campamento sino que en otra localidad, de los cuales aún no tienen información.