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Jorge Enrique Rivas Arancibia - Sapo Miguel

Tras 27 años la justicia logra identificar al “Sapo Miguel”. El agente de la CNI que se infiltró en las poblaciones

Tras 27 años, esta semana el Ministro Mario Carroza pudo determinar la identidad del agente de la CNI que se infiltró en las poblaciones en lo que fue la “Resistencia” contra la Dictadura. El ex agente fue así procesado en calidad de autor de los delitos de homicidio de los jóvenes, Iván Palacios Guarda y Eric Rodríguez Hinojo sa en septiembre de 1989. Se trata de Jorge Enrique Rivas Arancibia, a esta altura toda una leyenda urbana en las poblaciones de la periferia de Santiago y en el mundo político de matriz revolucionaria. Así se comienza a aclarar la historia del “Sapo Miguel”, el agente de la CNI que se hizo pasar por “Jefe militar de una facción radical del MIR” y que reclutó a jóvenes de diversas poblaciones de Santiago para realizar acciones. Dos de ellos murieron, otros debieron huir, y su paso por esas poblaciones dejaría aún las dudas y un triste recuerdo que hasta hoy retumba.

Corrían los últimos años de la década de los 80′ y en las poblaciones de la periferia, al poniente de la Región Metropolitana, el escepticismo reinaba, más allá del triunfo del plebiscito de octubre de 1988, las cosas no habían cambiado tanto, así lo confirmaba la muerte del “chaquita”, niño poblador de Villa Francia a manos de un carabinero en medio de las celebraciones del triunfo del “NO” el 6 de octubre de 1988 en Las Rejas con Alameda.

Revisa: Chaquita, el niño rebelde de Villa Francia asesinado durante la celebración del plebiscito del 88

Tiempos complejos

Eran tiempos complejos, el escenario político se planteaba lleno de definiciones en las filas de las organizaciones revolucionarias, entre sectores que caracterizaban al nuevo escenario político como favorable en términos de apertura democrática en el cual se debía incidir y quienes proyectaban un aseguramiento de la burguesía en un pacto desde las cúpulas -dictadura y vieja oligarquía política- poco beneficioso para el pueblo. Así se consignaba en documentos y en largas discusiones y conferencias internas de orgánicas mirista. En el MIR, ya mediados de la década de los 80′ se planteaban tres facciones, las que con el tiempo se ampliarían mucho más. Por eso no era extraño que mucha de la militancia en sectores populares no tuvieran claridad respecto de que facción integraban, pero si la convicción de seguir integrando la “Resistencia” y la organización “rojinegra”, para depaso no claudicar ante sectores reformistas y amarillos que pactaban con la recién naciente Concertación, más allá de que dentro de esta tesis el accionar táctico era muy diverso.

Fue este el escenario que dio pie a una serie de desconfianzas y diferencias políticas, las que fueron aprovechadas por los aparatos de seguridad de la Dictadura que, a pesar del triunfo del plebiscito del “NO”, seguían operando en la impunidad y con una cantidad enormes de recursos.

“Algo no cuadra aquí”. Mientras se acumulaba de cenizas un cenicero con cigarrillos Derby que estaba puesto en la mesa, cuatro hombres y una mujer discutían en una casa de seguridad en Maipú sobre la información que traía uno de ellos. Tras una serie de reuniones y conversaciones desarrolladas en distintas poblaciones el nombre del “Comandante Miguel” había aparecido varias veces. “Algunos de los que hablaron de él dicen que su formación política es extraña, se nota que no se maneja mucho y ocupa muchos clichés y garabatos, pero tiene fierros y plata y dice que ha participado en varias acciones de las que cuenta varios detalles”, relataba el compañero frente a las otras cuatro presentes sobre una serie de conversaciones que había mantenido con gente en diferentes poblaciones. ¿Será de la otra facción? ¿Un descolgado? ¿Un ceneca? se preguntaban los presentes. Alguien afirmó “algo no cuadra aquí”. El tema no era menor, pues este “Comandante Miguel” comenzaba a operar en sectores populares y emblemáticos de la militancia rojinegra, y hablaba de una ofensiva y de que los otros sectores estaban infiltrados y/o se habían amarillado.

El “Comandante Miguel”

Nadie sabe a ciencia cierta como llegó a las poblaciones. Las versiones sobre esto son variadas y subjetivas. Algunos dicen que apareció en una peña, mientras otros apuntan a que fue presentado por otro compañero en una casa. Según otras versiones, era pareja de una joven que vivía en una población emblemática y así entró contando sus supuestas hazañas. El caso es que cualquiera de las versiones es verosímil, la capacidad de recursos o el hecho de haber ocupado a miitantes para “porotear” o para hacerlo entrar en los círculos politizados de los sectores populares era totalmente factible teniendo presente el modo en que operó la CNI.

El autodenominado “Comandante Miguel” decía que “las otras facciones del MIR y grupos como el FPMR se la pasaban en discusiones, análisis y formación política, pero la verdad es que no hacían na’, no eran de acción, además estaban infiltrados”. Aquello sin duda calaba rápido en una juventud popular que tenía solo ganas de actuar, además no era azaroso que “Miguel” casi siempre reclutara cabros chico, (entre 16 y 20 años) con alguna historia familiar cercana al MIR, hijos de presos políticos o con familiares ejecutados o ya en el exilio, pero sin mayor formación. De hecho, cuando alguno de los chicos le hablaba de un tío o de otros compañeros del MIR que conocían, amigos de sus padres que ya no estaban activos pero que eventualmente podían ayudar en las tareas de la organización, “Miguel” siempre planteaba escusas, la más frecuente eran las de “razones de seguridad”.

En algunas de estas reuniones y en medio de discusiones, algunos de esos mismos jóvenes que por esas mismas historias familiares tenían “más manejo” político, encontraban fisuras en los planteamientos de “Miguel”, así las dudas se comenzaron a instalar. Pero se mantuvieron. Era el discurso tosco y militar lo que atraía, además de los fierros, un planteamiento simple, básico, y en donde todas las otras fuerzas políticas eran amarillas o estaban equivocadas. “Su discurso era muy de secta que,a esa edad pesaba, pues uno estaba muy cabro en medio de muchos cambios que se estaban dando pero sabíamos que no serian buenos para nosotros, por eso había ganas de actuar”, comenta uno de los jóvenes, hoy ya un hombre mayor, sobre ese tiempo y su encuentro con “el Sapo Miguel”. Y agrega, “él además siempre trataba a los otros de sapos y amarillos, incluso instigaba para hacer acciones contra lo que el definía como traidores, por eso quizás muchos pensaron que estaban en el lado correcto, el verdadero, eso era muy característico de él”, afirma el ex militante.

“Miguel” abrió un bolso y de este extrajo unas pistolas, dos revolver (calibre 38mm) y una pequeña semi automática marca Margo (22mm) y otra otra pistola automática (9mm), ahí también habían unas mechas y una sub ametralladora UZI. “Así se toma y así se dispara” dijo con voz seca “Miguel”, y tomando una de las armas apuntó a uno de los presentes, quien asustado miraba fijamente el arma. “Tranquilo, te estoy hueveando, pero tienen que cachar que esta hueá se debe manejar así y con cuidado, aquí está el seguro y aquí el cargador, pones el ojo y pum! listo, cagaron los chanchos” dijo “Miguel”. Así lo recuerda un hombre que en ese entonces era uno de esos jóvenes. “Recuerdo que cachamos que algo no andaba bien, así que yo fui a hablar con un tío que había estado en la Fuerza Central del MIR a mediados de los 70′ y que había vuelto hace un año a Chile. Él me dijo que habían cosas raras pero bueno, la “Resistencia” en sí tuvo muchas cosas raras, pero lo que era claro es que nadie lo reconocía como parte del MIR, algo llamativo tomando en cuenta su supuesto pasado accionario del cual él se jactaba”. Así, “Miguel” entregaba las armas y enseñaba a manejarlas en frío -sin disparar- y con ciertas posturas militares.

La acciones encargadas y realizadas con la logística entregada por el “Comandante Miguel” iban desde la AGP armada (Acción y Propaganda), colocación de bombas de ruido, asaltos a botillerías, ataques a Iglesias Mormonas (por ser del imperialismo), hasta colocación de artefactos explosivos en inmuebles gubernamentales e incluso ataques a militantes de izquierda que – a juicio de Miguel- “eran sapos o habían traicionado al partido”, entre otros.

Fue una veintena de jóvenes los que el autodenominado “Comandante Miguel” logró reclutar, entre ese grupo varios recuerdan a una joven que mantuvo una relación amorosa con “Miguel”, pero que tiempo después, en una reunión, ella les diría que había terminado con él porque él era extraño. Algunos pensaron que dicho comentario obedecía más bien a una afirmación de despecho, pero cuando se comenzaron a juntar con otros datos, la alarma se activó.

Dos jóvenes partieron a la casa del “Pelao”, un viejo mirista que aún vivía en la población para contarles sus dudas. Así sin más le dijeron que pensaban que era un sapo o algo así. El “Pelao” les dijo que era muy difícil saber eso pero, si tenían dudas, que se salieran no mas y tuvieran cuidado.

Varios partieron a Argentina, particularmente a Mendoza en donde fueron recibidos por compañeros chilenos, otros prefirieron irse a casas de familiares en regiones. Antes, en varios encuentros casuales y reuniones se hicieron advertencia, algunas no las tomaron en cuenta y desecharon la idea de que el “Comandante Miguel” fuera un infiltrado o sapo.

La ratonera: La caída de Eric e Iván

Eran cerca de las 9 de la noche del 18 de abril, hacía frío y era una de las últimas jornadas de protesta. Caminando hacia la esquina de la Avenida San Pablo esquina Radal, Eric Rodríguez e Iván Palacios iban a cumplir la misión encomendada por el “Comandante Miguel” que consistía en poner un artefacto explosivo en una torre eléctrica para provocar un apagón, sin embargo al llegar al lugar los jóvenes eran esperados por agentes de la CNI, previamente advertidos por “Miguel”. En el lugar falleció Iván Palacios (18), por su parte Eric Rodríguez (19) quedó gravemente herido falleciendo meses después el 04 de septiembre.

En el reporte entregado por los agentes de la CNI estos señalaron que estaban patrullando cuando dieron con los dos jóvenes y estos habrían abierto fuego, por lo que ellos habían procedido a disparar abatiendo a uno de ellos e hiriendo gravemente al otro. Según el mismo reporte entregado por 3 agentes a la Fiscalía Militar, ambos habrían sido milicianos rodriguistas.

Dicha versión no era creíble y para quienes conocían a Eric e Iván las dudas ya eran certeza. “Miguel” los entregó. Con los años se intentó esclarecer la verdad, la historia del “Sapo Miguel” se siguió contando en los círculos políticos poblacionales. En el año 2012 el periodista Víctor Cofré publicaba el libro “La Trampa” (Editorial LOM) que daba cuenta del caso de Eric e Iván y de este enigmático personaje que era “el Comandante Miguel” que se infiltró en las poblaciones de Santiago reclutando jóvenes para desarticular a la militancia revolucionaria.

Jorge Rivas - Deportes Iquique

A la izquierda de la fotografía, el primero, Jorge Rivas, en reunión de coordinación. Gobernación de Iquique, 25 de julio 2016

El Ministro Mario Carroza siguió la investigación y obtuvo los testimonios de ex militantes reclutados por “Miguel” y de los propios agentes.

Ya en febrero del 2015 el Ministro Carroza procesaba a seis miembros de la CNI por el homicidio calificado de Iván Palacios y Eric Rodríguez, pero aún no se tenía el nombre del supuesto infiltrado. Fueron los mismos procesados más otros testimonios los que dieron finalmente con el agente, el famoso “Miguel”.

Así, tras 27 años se supo el nombre del “Sapo Miguel”. Jorge Enrique Rivas Arancibia, ex policía y ex agente de la CNI. Hasta hace algunos días -antes de ser detenido y procesado- se desempeñaba como Jefe de Seguridad del Club de Fútbol (de Primera División) Deportes Iquique. Además, en el mismo rubro de la seguridad privada, Rivas Arancibia ha mantenido permanentes contratos con la Municipalidad de Iquique y dentro de su empresa de seguridad (E.I.R.L.) tiene también a ex agentes de la CNI y ex uniformados que, tras jubilarse, pasaron al área privada de la seguridad a trabajar con él.

De este modo, el infiltrado responsable de la muerte de dos jóvenes y una serie de traumas y desconfianza en la izquierda popular deja de ser un mito para convertirse en un procesado más por crímenes de Derechos Humanos y la justicia poco a poco  enmienda la página a la historia para dar paso a la verdad.

Revisa dictamen de procesamiento de Jorge Rivas: