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Una respuesta desde la Historia a Sergio Villalobos: “La Araucanía más allá de Villalobos”

Por Fernando Uyoa

¡Ha llegado carta! -¿Para quién? ¡Para los incautos! -¿Y qué dice? Que otra vez está todo el país equivocado y que Sergio Villalobos es el único que entiende qué pasa en el sur. Un día me confesó que en Angol sólo había nacido, que su crianza fue más bien santiaguina y que sus estudios fueron en lo que hoy llaman “un emblemático”. Su visión entonces, contrario a lo que yo creía, era más bien la de un capitalino. Años atrás, decidí tomar uno de sus cursos en la Universidad de Chile, para ver cuánto se podía llegar a aprender con uno de los historiadores más citados en los textos escolares. ¡Se aprendía! Se aprendía a desconfiar, de la fuente y del autor.

Un buen ejercicio en estos días, en que para saber las verdades; más que en las palabras, hay que fijarse en las cuentas bancarias de las personas. ¿Qué lleva a alguien a enviar continuamente cartas a un medio masivo de comunicación y a ser publicado? ¿Ganas de aportar al debate? ¿Deseos de figuración? ¿Molestia profunda? ¿Real preocupación? ¿Línea directa con el dueño? ¿Se hace a petición de terceros? Podrían ser todas y deberían despejar esas dudas, los futuros entrevistadores.

Se ha vuelto costumbre, de los 90 en adelante, encontrar cartas de Sergio Villalobos en los diarios. Enero, marzo y junio, los meses preferidos. Ya se habrán dado cuenta. ¿Las palabras más utilizadas? Araucanía, araucanos, mestizos, errores ancestrales y desaciertos e imprecisiones. Mucho adjetivo y no tanta reflexión. ¿Vale la pena señalar una vez más lo que se ha aclarado en otras oportunidades? Ciertamente, conviene hacerlo. Aunque esta vez, más que entramparse en los juegos argumentativos de un autor; conviene abrir al lector a otras miradas.

¿Por qué Villalobos prefiere decir araucanos en vez de mapuche o mapuches? Porque así lo escribió Ercilla; aunque con ese criterio los franceses seguirían siendo los galos y los portugueses seguirían todavía como lusitanos, los esquimales no tendrían derecho a llamarse inuit y los pascuenses tendrían que resignarse a ser llamados así (en vez de reivindicar su lengua y considerarse rapanui). ¿Cuál es el principal argumento de Villalobos? Que los demás autores se equivocan al utilizar los conceptos, que son otros y no él los que están ideologizados o que son financiados por instituciones para decir lo que dicen. Siempre parecieran ser otros los que exacerban sentimientos como el patriotismo y lo que pareciera ser peor -para él- el indigenismo y algo que se cuida de nombrar: el nacionalismo étnico o etnonacionalismo. ¿A quiénes convendría leer para ampliar la mirada y no quedarse con los adjetivos del profesor Villalobos? Sería bueno revisar los trabajos del antropólogo Rolf Foerster también de la Universidad de Chile, acerca del etnonacionalismo. Y entender el fenómeno. Resultarían de utilidad los trabajos de Pablo Mariman, en torno a lo ocurrido en el siglo XIX en lo que los autores mapuches prefieren llamar Wallmapu. Aclararían mucho a los lectores los artículos de Sergio Caniuqueo, sobre el siglo XX que vivió el Pueblo mapuche. Sintetizarían bastantes asuntos las publicaciones del historiador Jorge Pinto acerca de Nación, Conflicto y Territorio.

Explicarían los primeros siglos los libros y artículos de Leonardo León en torno a la Conquista y el desencuentro. Abrirían a nuevas interpretaciones las investigaciones de Luz María Méndez en torno a los parlamentos, complementando sus trabajos, con lo hecho por el antropólogo José Manuel Zavala. Sin duda que serían utilísimos los planteamientos del arqueólogo Tom Dillehay a propósito del pasado y la materialidad en el Cono Sur. Especialmente de la ritualidad y las construcciones monumentales que nuestros antepasados americanos hicieron. Ana Mariella Bacigalupo, autora chilena que publica desde Estados Unidos, puede explicar bastante el mundo de los y las machis. Si quieren leer en francés pueden revisar lo de Guillaume Boccara o también lo que entregó a la imprenta el ya fallecido y pionero Louis Faron. Para comprender el presente, puede leerse a Nicolás Gissi o a Natalia Caniguan, dependiendo de lo que quiera hallarse. ¿Situación económica? ¿Situación política? Los trabajos de José Bengoa ya son bien conocidos, aunque también podría el lector aproximarse a nuevos aspectos a través de la pluma de Martín Correa (fuerte en lo relativo a propiedad) o de Enrique Antileo (en torno a la diáspora o la migración mapuche). Para lo más reciente, para el conflicto mismo que algunos políticos niegan, esclarecedor resulta Fernando Pairican, con quien justamente Villalobos pareció no querer debatir en televisión. Autores hay muchos y conviene leerlos, en vez de pretender monopolizar el debate, como pretenden algunos, además de don Sergio. “Los planteamientos de Sergio Villalobos solo representan a Sergio Villalobos”, debiera decir cada carta, como hacen en televisión cuando llevan a alguien polémico. Cada autor es un universo distinto, por mucho que se quiera englobar en categorías totalizantes, que simplifican, pero que no explican en detalle la genealogía del saber. Ya ven, no por haber tenido clases con el mencionado, llega uno a repetir su discurso racista. Una cosa es ser estudiante y otra cosa es ser acólito o monaguillo, eso de los discípulos, dejémoslo a los iniciados. Los demás, analicemos fenómenos y cosas que cambian en el tiempo, como los nombres y las identidades. Con descalificaciones, no avanzaremos en entendimiento.

En respuesta a la carta del Historiador Sergio Villalobos en El MercurioLa Araucanía y Falsedades“. 

*Fernando Ulloa Valenzuela, licenciado en Historia Universidad de Chile.