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Violeta Parra en su natalicio número 99: “El canto del pueblo y la rebeldía en el Chile de la hipocresía”

Por Amanda Valentina

Incomprendida en su tiempo, criticada por un machismo conservador e hipócrita (del cual aún estamos cautivas), y por su afilada y crítica prosa, lo que la vuelve tan actual. Es desde esa consideración que nos damos el permiso para homenajearla.

Lo que me provoca a escribir esta nota es la necesidad de expresar lo que siento cuando suena Violeta. Primero, no puedo dejar de tararear si la escucho en la calle, en la micro, en la radio, y si no conozco la canción o el verso, a “googlear”. Porque la Violeta me canta y me dice lo que siento, lo que vivo, lo que lloro y lo que esta sociedad chilena hipócrita me enseñó a callar.

Quisiera mencionar sobre el maravilloso trabajo de recuperación de la tradición musical en el territorio que llevó a la Violeta a recorrerlo de punta a punta, conociendo desde los lugares más recónditos el canto popular, esto la hizo grande, la hizo esencialmente libre. Motivada por conocer, por descubrir las pasiones de la mujer y el hombre campesinos y  expresada en corridos, en cuecas, en tonadas, etc. y motivada, por sobre cualquier cosa, por el amor profundo a su Pueblo.

El canto de Violeta es el canto de Chile, del pueblo olvidado, ese que se esconde bajo la alfombra, el del niño prostituido o encarcelado que muere en las redes del Sename. Las penurias, las tristezas, las luchas, las alegrías. El canto de Violeta provoca nostalgias y esperanzas, provoca rabias e impotencia, porque es el relato de nuestro Pueblo, de nuestro vapuleado Pueblo en la Historia, que se repite una y otra vez.

Y que, a pesar de todo, es capaz de finalizar con un glorioso y desgarrador “Gracias a la Vida”, que es una de las canciones mas re-versionada en la historia de la música, como himno a la humanidad, cargada de pasiones en cada verso, de asombrarnos cada día por lo bello de la existencia y, dicen las malas lenguas, que es su despedida de este mundo injusto e ingrato.

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¿Qué crearía la Violeta viviendo en estos tiempos?

Creo que no algo muy distinto, porque la historia se nos repite como cebolla sin amortiguar.

Por ejemplo, sus temas:

Qué dirá el Santo Padre”, “Miren cómo sonríen”, “La carta”… no dicen algo distinto de lo que nos ocurre hoy en el diario vivir, en la calle, en nuestras lucha por derechos, en la protesta por una vida digna para todos los trabajadores del territorio nombrado Chile (e incluso en otras latitudes en donde su canto también suena y acompaña sus luchas).

¿No tenemos acaso niños, niñas, trabajadores/as, pobladores/as que son avasallados a diario sus derechos y que cuando reclaman por ellos se les aplica torturas, encarcelamientos y se les mata? Porque no deja de resonar en nuestra conciencia “miren el hervidero de vigilantes, para rociarle flores al estudiante. Miren como relumbra carabineros para ofrecerle premios a los obreros”. Sí, ocurre hoy, el Estado chileno tortura, encarcela y mata al que clama por justicia.

Y ni hablar de “Arauco tiene…”. Quizás ya no una pena, más bien un desgarro, rabia que se levanta al grito de marrichiweu, donde los Huenchullan se levantan y responden a la política represiva de los últimos y actuales gobiernos. Quizás por lo mismo cuesta entender que algunos y algunas canten ese canto mientras SU GOBIERNO reprime al Pueblo Mapuche ¿entenderán la letra o pensarán que es bonita, que es bailable, que es nostálgico? No, eso no es algo lindo del pasado, eso ocurre hoy.

Les invito a leer esta obra en décimas, de “autobiografía en verso” (1958-59), muy acorde a nuestros tiempos, también musicalizada en nuestros días por la cantautora Evelyn Cornejo y la Chusma Inconciente (se ha adaptado a prosa para su lectura):

Más van pasando los años, las cosas son muy distintas: lo que fue vino, hoy es tinta; lo que fue piel hoy es paño; lo que fue cierto, hoy engaño, todo es penuria y quebranto, de las leyes de hoy me espanto; lo paso muy confundida y es grande torpeza mida buscar alivio en mi canto.

Han visto la mantequilla, dicen de ques vegetal, y que de leche animal fabrican la mostacilla.
Las líneas de las chiquillas, desmáyese el más sereno, que lo que miran por seno no es nada más que nilón. Pregunto con emoción: ¿Quién trajo tanto veneno?

En este mundo moderno qué sabe el pobre de queso, caldo de papa sin hueso. Menos sabe lo que es terno; por casa, callampa, infierno de lata y ladrillos viejos. ¿Cómo le aguanta el pellejo?, eso sí que no lo sé. Pero bien sé que el burgués se pita al pobre verdejo.

Yo no protesto pormigo, porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo que no me deje mentir, no me hace falta salir un metro fuera’ e la casa pa’ ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir.

Dispénsenme las chiquillas si m’ he salido del tema, es qu’ esta verdad me quema el alma y la pajarilla. Quemá’ está la sopaipilla; p’al pobre ya no hay razones; hay costra en los corazones y horchata en las venas ricas, y claro, esto a mí me pica igual que los sabañones.

 Tan vigente como la letra de una canción, esta con dedicatoria especial a la Nueva Mayoría (Miren cómo sonríen, 1962).

Miren cómo sonríen / los presidentes
cuando le hacen promesas / al inocente.
Miren cómo le ofrecen / al sindicato
este mundo y el otro / los candidatos.
Miren cómo redoblan / los juramentos,
pero después del voto / doble tormento.

Miren el hervidero / de vigilantes
para rociarle flores  / al estudiante.
Miren cómo relumbran / carabineros
para ofrecerle premios / a los obreros.
Miren cómo se viste / cabo y sargento
para teñir de rojo / los pavimentos.

Miren cómo profanan / las sacristías
con pieles y sombreros / de hipocresía.
Miren cómo blanquearon / mes de María,
y al pobre negreguearon / la luz del día.
Miren cómo le muestran / una escopeta
para quitarle al pueblo / su marraqueta.

Miren cómo se empolvan / los funcionarios
para contar las hojas / del calendario.
Miren cómo gestionan / los secretarios
las páginas amables / de cada diario.
Miren cómo sonríen, / angelicales.
Miren cómo se olvidan / que son mortales.

Violeta, viola, violetera, sumada a los estudiantes a quienes les grita que vivan, que no se venden ni se compran, que son apaleados tan solo por su rebeldía.

Violeta, esa que puede que les guste a muchos y muchas, pero que solo comprenden su cantar quienes luchan día a día, esos que la historia no los nombra no por ignorancia sino por cobardía.

Que viva la Violeta, que vivan sus penas y alegrías, que no gane la infamia y triunfe la rebeldía.