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Chaquita, el niño rebelde de Villa Francia asesinado durante la celebración del plebiscito del 88′

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l plebiscito del miércoles 5 de octubre de 1988 marcaba para toda la generación que vivió crudamente la dictadura de Pinochet la esperanza de la vuelta a la democracia en Chile, era el fin del miedo, la tortura y el hambre. Muchos estaban escépticos pues creían que habría un fraude, por lo tanto se aprontaban a recibir el golpe nuevamente e incluso dudosos de ir a votar, sin embargo, durante la madrugada del 6 de octubre, una vez entregados los resultados, algo increíble había ocurrido: Ganó el “No”. Las esperanzas de todo un Pueblo se volcaron a las calles a celebrar el fin de la Dictadura. Los pobladores de Villa Francia, que habían sido sistemáticamente torturados, ejecutados y desaparecidos por las fuerzas represivas del Estado, salieron también a celebrar el fin de una sangrienta dictadura, se agolparon hacia la Avenida 5 de abril. Es en esas circunstancias que algunos se dirigen hacia Las Rejas con la Alameda a manifestar la alegría que supuestamente llegaría. Sin embargo, durante la celebración se escuchan disparos, presumiblemente de carabineros (el caso se cerró sin responsables). Cae un niño. Fue el inicio de la alegría…

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¿Quién era Luis Alberto Silva Jara?

Querido por amigos y vecinos, se juntaba con niños mayores que él, le gustaban los volantines, fanático y socio del Colo – Colo, adoraba los completos, alegre, revoltoso, le apodaron el “Chaca” por una serie que daban en las tardes, “Shaka Zulu”, se trataba de un negrito que andaba para todas partes con una lanza y hacía puras maldades, “este cabro era muy re diablo”, así recuerda Eliana a su hijo Luis Alberto Silva Jara.

En la década de los 70, participando de unas tomas, el matrimonio Silva Jara llegó a la comuna de Estación Central, llegaron con carpa y muchos sueños venían con ellos, el dinero escaseaba y ambos estaban sin trabajo, así fue que empezaron a vender verduras en las ferias del sector, con el tiempo Eliana junto a su esposo Héctor construyeron dos piezas de material ligero, una la usaban de cocina y la otra de dormitorio, con mucho esfuerzo poco a poco comenzaron a levantar una casa mas sólida y mas grande, querían tener hijos y aunque las condiciones no eran las mejores y la situación que se vivía en nuestro país era dura, “aun así, quisimos tener hijos, primero llegó Hilda, no pasó mucho tiempo y nació Eliana, acá en la Villa la conocen como “Nana”, luego tuvimos a Manuel y el conchito llegó 3 años después, Luis Alberto”, 4 hijos que llegaron a completar sus vidas.

Luis Alberto, como buen hijo menor, era el regalón de la casa y eso hacía que tuviera ciertos privilegios, “era el típico pelusón, cabro chico revoltoso, bueno pa molestar y le perdonaban todo, agrandao, la época de volantines era la que mas disfrutaba, le gustaban tanto, se hacia las medias cañas para agarrar los volantines que se iban cortados, no le gustaba el colegio, de hecho lo echaron de uno por revolucionario, en la sala gritaba ” y va a caer, y va a caer, la dictadura de Pinochet”, sonríe, “se creía mi papá, me celaba por todo, eran tiempos difíciles pero mis viejos trataron de hacer lo mejor que podían, eramos pobres, todos trabajamos con ellos aunque mis papás nos decían que no era necesario”, entre risas Nana, su madre, recuerda las jugarretas junto a él.

“De niño no le gustaba quedarse solo en la casa mientras mis papás iban a la feria, así que él los acompañaba y ayudaba a vender, claro que después se comía todas la ganancias, también hacía fletes, antiguamente acá en la feria se ponían unos niños con carritos que acompañaban a las personas en sus compras y las iban a dejar a sus casas y la gente les daba dinero por eso, todo eso hacía Luis Alberto para juntar plata para comprarse ropa, invitar a sus amigos a comer algo o para ir al estadio a alentar al equipo de sus amores, se hizo una bandera gigante del Colo, cuando había partido todo el mundo sabía que iba el “Chaca” al estadio, ni se veía entre la tremenda bandera, ademas que salía cantando como loco por Luis Infante y tocando su vuvuzela”.

Reinaldo, uno de los amigos de chico del Chaca nos relata: “Pelusón como el solo, venía siempre a la casa, pasaba metido aquí, llegaba muchas veces con la camisa abierta y pata pelá, le gustaba venir para acá porque mi mamá -Juana- hacia hondas y volantines, y a él le gustaban tanto, mi mamá peleaba harto con él por que siempre le decía ‘Hola Sra. Chepa’, y mi mamá se enojaba, no le gustaba que le dijera así y él lo sabía, pero era tan buen cabro, siempre trató a todos con mucho respeto, íbamos casi todas las tardes a bañarnos al canal cuando hacía calor, también íbamos a las chacras a buscar papas pa traer a la casa, al botadero también íbamos a buscar comida, es que habían muchas necesidades, cuando había protesta él se paraba fuera de su pasaje a meter bulla y alentar a la gente pa’ que saliera a protestar, el “Chaca” era de los que si veía a sus amigos pelear entre ellos, el se metía a separarlos, no le gustaban las peleas, en su corto paso por la vida, nos dejó muy lindos recuerdos”.

El Chaca, la Dictadura y el Plebiscito del 88

Luis Alberto nació el 7 de enero de 1974, en plena dictadura, Eliana y Héctor trataban en lo posible mantener a sus hijos ajenos a lo que ocurrían en nuestro país, pero era imposible, la represión constante que se vivía en las poblaciones, las necesidades económicas, las restricciones, la información que se manejaba entre sus amigos, era muy distinta a la que se veía en la televisión, a su corta edad era evidente su simpatía por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, de hecho, casi todas sus cosas eran de color rojo y negro, sus zapatillas regalonas eran las famosas “Tigre” por que eran baratas y eran de ese color.

A su corta edad tenía muy claros sus ideales, lo que quería para la comunidad y los cuidados que debía tomar, Nana recuerda que Hilda, su otra hermana, siempre pensó que la casa estaba marcada por carabineros, “muchas veces Luis arrancaba de los pacos por los techos, estoy segura que sabían de él”, “igual no hubiésemos hecho que cambiara de opinión y no iba a dejar de hacer lo que hacía porque a nosotros no nos gustaba, para Luis, el asesinato de los Hermanos Vergara fue importante, en 1985 Luis tenía 11 años y le afectó mucho, con el asesinato de Miguel Leal ya no cabía duda que había crecido de golpe, estos hechos fueron relevantes para él”.

El día miércoles 5 de octubre de 1988, fue la noche más larga de la historia de Chile, Luis tenía 14 años, era el plebiscito con el que la ciudadanía votaba a favor de la continuidad (por ocho años más) de Augusto Pinochet o bien en su contra, las opciones eran solo 2: “Sí” o “No”. Con esa simple pero significativa votación se albergaban las esperanzas de todos los chilenos que tenían marcada la represión y la desconfianza, el “Sí”, significaba miedo y de que podía ser peor a lo que ya era, el “No” era un cambio, era libertad, muchos pensaban en un futuro diferente, el multicolor arco iris traía esperanza y alejaba el dolor y el sufrimiento.

“Ese 6 de Octubre, a penas confirmaron que había ganado el No, salimos todos a celebrar la caída de Pinochet y la llegada de lo que pensamos sería una vida mejor, salí con mi esposo y mis hijos, estábamos felices, se formó un carnaval en la población y Luis se me perdió, divisé alguno de sus amigos a lo lejos, por eso pensé que estaba por ahí, mientras la gente se abrazaba, festejaban y gritaban “Y ya cayó, y ya cayó, la dictadura ya cayó”, eran como las 21:30 Hrs más o menos y me cuentan que había un herido en la Alameda y que al parece se trataba del “Chaquita”, que me tenía que ir a la casa de Luisa (mamá de los hermanos Vergara), yo jamás me imaginé que se había ido a Las Rejas con la Alameda, sentía una angustia enorme, era contradictorio, era ilógico, todos felices y yo sintiendo algo así como desesperación, corrí tan rápido como pude, el trayecto se me hizo eterno, llegamos a la casa donde hace poco tiempo esa familia había vivido un terrible e inmenso dolor, Luisa me dice que lo habían llevado al Hospital Salvador y que vaya a Neurocirugía, una vez en el hospital me muestran sus ropas y un doctor me pregunta ¿esta es la ropa de su hijo?, Sí, le digo yo, no pasó un minuto y me dice: ‘su hijo acaba de fallecer’, fue tremendo, lo único que quería era verlo, Hilda, Manuel y la Mery que me acompañaron al hospital no me dejaron entrar, fue terrible, yo quería que me tragara la tierra”, Nana nos confirma que fue Hilda la que entró a reconocer a su hermano, pensó que por ser más joven sería más fuerte, pero no fue así, llegó impresionada, “nos costó mucho convencernos que era él, nos dolió, teníamos rabia, yo me había quedado acá en la casa con mi papá, mientras mis hermanos y la Mery fueron al hospital con mi mamá, imagínate la angustia que sentíamos, como a las 5 de la mañana llegaron los pacos a la casa, los eché cagando, siempre pensé que ellos fueron los que mataron a mi hermano”.

Eliana recuerda que unos días antes Luis le había dicho “’Mami, me van a matar y quiero que hagan una velatón, que me hagan un mural y que deje entrar a todos mis compañeros al velorio’, ¿Cómo sabís tú que te van a matar Luis Alberto?, ‘acuérdese no más’ me dijo y voy a ser famoso, la casa se va a llenar de periodistas, la gente la va a ayudar con plata pa que no trabaje más, seré un héroe”.

El velorio fue tal cual lo había pedido “Chaquita”, todos fueron bienvenidos en la casa, las banderas y lienzos estaban por todas partes, en Luis Infante, en el pasaje y el cajón de Luis estaba cubierto por banderas y muchas flores, fueron acompañados por todos los vecinos y amigos de ese joven que murió a manos de la represión. El día del funeral habían miles de personas, la casa, el pasaje y las calles estaban llenas, caminamos con su urna hasta Las Rejas con Alameda donde lo mataron, ahí habían buses para llevar a la gente al Cementerio General, en el trayecto con banderas y cantos que acompañaron a Luis gritábamos entre toda nuestra tristeza “¡Un niño murió! ¡un paco lo mató!”, había tanta gente, era impresionante”. Nana nos dice “esa compañía no la hemos dejado de sentir hasta hoy, gracias a él yo conocí gente maravillosa, que siempre me preguntan como estoy, cómo está mi mamá, gente unida, organizada, muy valiosa, gente combativa como la familia hermosa de Villa Francia, porque eso somos, una familia que vamos a seguir luchando por hacer justicia y ya está visto que la justicia al parecer la haremos nosotros, justicia por miles que murieron y desaparecieron, por los torturados, a mi hermano le quitaron la vida, tenía 14 años, nació y murió en dictadura, no conoció otra forma de vida, ¿te das cuenta lo injusto?”

El dolor de una familia y de la alegría que nunca llegó

“Vez que vamos al cementerio siempre estamos rodeados de pacos, es enfermizo, con mis hermanos perdimos el miedo, donde vemos un paco lo hueviamos, a mi mamá le daba terror, yo creo que le daba miedo que nos pudiera pasar lo mismo a uno de nosotros”. Le preguntamos por su padre, Nana nos cuenta ” Mi papa murió en 1991 debido a problemas con el alcohol, después de la muerte de Luis ese era su refugio, creo que mi papá tomaba mucho para no sentir ese dolor, es que fue terrible y esa era su forma de ahogar la pena que sentía por la muerte de uno de sus hijos, del menor, del conchito, el regalón”.

Nana, nos cuenta que hace un tiempo llamaron a la familia y a todos los testigos a declarar nuevamente, hace mas o menos dos meses el Juez Mario Carroza cerró definitivamente el caso por falta de testigos y pruebas concretas.

La verdad quizá nunca se sepa, pero la familia no tiene dudas de quiénes son los culpables, una “animita” de color rojo y negro en la esquina de las Rejas con La Alameda, nos recuerda día a día a ese niño que se convirtió en la primera víctima de la vuelta a la “democracia”.

Eliana actualmente vive en esa casa que levantaron con mucho esfuerzo junto a su esposo Héctor, tiene 5 nietos que la llenan de alegrías, su primer nieto, el primer hijo de Nana, lleva el nombre de su tío, Luis Alberto. Nana, su esposo y sus 2 hijos viven con ella.

En Villa Francia, cada primera semana de octubre, año tras año recordamos a Luis Alberto Silva Jara, en el “Día del Niño Rebelde y Popular”, el “Chaca” es parte de esa generación de jóvenes que no tenían miedo, que aportaban y luchaban para la comunidad.

Como todos los años, cada 6 de octubre se realiza una velatón en Las Rejas con la Alameda, donde fue asesinado el “Chaca” y se mantiene una “grutita” pintada rojo con negro, los colores que le gustaban a él.

Poema escrito por un vecino de Villa Francia:

Si pudiera retroceder y tener tu cuerpo frágil y pequeño en mis brazos otra vez
Ese instante mágico en que tus ojitos brillaron al escuchar mi voz
Recuerdo todo, cada detalle, cada instante, cada latido
No hay un solo de día de mi vida, ni lo habrá en que deje de recordar
Tu risa, tus primeros pasos, tu despertar
Esa lucha, esa fuerza, esas ganas de tener tu mundo mejor
No dejaré de recordar…
Porque aunque te apartaron de mi
Y tuve de nuevo tu frágil cuerpo entre mis brazos, inerte y frío esta vez
Recordarte hace que sigas vivo en mi
Como ese primer día, para siempre…

“Grone”